abril 15th, 2015 | | Alimentación

5 cosas que aprendí para siempre cuando me puse a dieta

¿Cuánto tiempo eres capaz de hacer algo que no te gusta? ¿Un día? ¿un mes? ¿un año? Depende del nivel de sacrificio que te suponga, claro. Imagina que haces algo que no te gusta porque esperas obtener una recompensa. Si no la obtienes en un tiempo razonable abandonarás, normal. Aunque puede que si finalmente consigues lo que pretendes des por bueno el sacrificio; quien algo quiere algo le cuesta. Pero ¿qué ocurriría si después de todo, al cabo de un tiempo, no mucho, pierdes lo que tanto te costó conseguir? Entonces pondrás en una balanza el esfuerzo que supuso frente a la satisfacción que te ha procurado y… voilà… quizá no te salga el saldo a favor de repetir la experiencia. Te cuento esto para que olvides ya esa idea que te ronda la cabeza de ponerte a dieta… por enésima vez.

No voy a demonizar las dietas. Las dietas son estupendas, yo misma he hecho dieta varias veces, pero tienen un principio y un final. Y al final de la dieta está tu vida, esa que es única, irrepetible y que está para ser vivida en toda su plenitud con el sacrificio lógico que conlleva cualquier elección pero con el objetivo claro de ser feliz a fin de cuentas. Tu vida no puede estar al servicio de la dieta. Es tu dieta la que debe estar al servicio de tu vida. Bonitas palabras pero eso ¿en qué consiste?

A lo largo de mis 35 años he probado entre cinco y diez planes de adelgazamiento exprés basados en sopa de cebolla, piña e incluso bocatas de jamón serrano (sí, esta era buena). Casi siempre días antes de citas importantes en las que debía embutirme en vestidos comprometidos y que, en honor a la verdad, solían funcionarme porque, como ya os he explicado en alguna ocasión, soy bastante cabezona y si me tengo que matar de hambre unos días me mato y ya está. A la semana siguiente o en los días posteriores al evento recuperé todos los líquidos que había evacuado la semana previa y de nuevo al peso inicial. Nada que no sepáis.

Plan de adelgazamiento tras los embarazos

Entre ambas fotos hay cuatro años de diferencia y muchos kilos. En la recta final de mi primer embarazo y, cuatro años después, con otro embarazo de por medio, en mi 34 cumpleaños, recién terminada mi primera dieta. Pesaba 3 kilos menos que cuando me quedé embarazada

En dos ocasiones he seguido un auténtico plan de adelgazamiento guiado por un profesional (en mi caso asesorada por una conocida franquicia que obtiene sus ingresos de la venta de los productos de su marca y en contra de la que no tengo absolutamente nada). En el embarazo de Claudia gané 13 kilos de los que perdí 10 nueve meses después del parto, casi sin hacer nada. Con Jaime gané 11 y perdí 9. Os ayudo con las matemáticas… en 4 años la vida me regaló dos hijos maravillosos y 6 kilos … no tanto.

Un año después de dar a luz al enano me di cuenta de que el sobrepeso había llegado para quedarse. Así que en previsión de no volver a quedarme embarazada (nunca digas nunca jamás, pero hoy por hoy doy por cerrada la fase de maternidad) decidí intentar recuperar mi figura prematernal un año después de dar a luz, que es el tiempo mínimo que necesita tu cuerpo para recuperar la normalidad tras el totum revolutum de la gestación. Y lo logré en 4 meses, 9 kilos que se fueron por donde vinieron para mi total satisfacción.

La cuestión era sencilla: comer cinco veces al día, poquito y variado, eliminando totalmente los hidratos de carbono (patatas, pan, arroz y pasta), las grasas (dos cucharadas soperas al día) y el azúcar (sacarina y nada de dulces). Ejercicio con moderación recomendado a diario y uno o dos días de “choque” exclusivamente a base de pollo y piña, o similares. Y sí, comprimidos de plantas y frutas con propiedades drenantes, saciantes, laxantes, come grasas y depurativas mañana, tarde y noche, que yo compraba sin mucha fe sólo a cambio de que alguien me pesara y midiera semanalmente para abochornarme si no perdía ni un gramo por haberme saltado la dieta (además de cabezona tengo el sentido de la vergüenza bastante desarrollado, así que esto fue clave).

Mi vaporera de bambú con verduras ricas, brocoli, espárragos, setas, comida sana, dieta saludable

Nunca he comido mal, me encantan las verduras en todas sus modalidades y no soy demasiado golosa. Eso sí, me pierde el pan y cuando estoy celebrando algo (lo cual afortunadamente ocurre amenudo) no mido lo que bebo ni lo que como. En la foto, mi imprescindible vaporera de bambú.

He de reconocer que de aquella experiencia me quedé con algunas sanas costumbres como eliminar casi totalmente los fritos de mi dieta, las carnes demasiado grasas, los snacks dulces y salados, y el pan sin límite para acompañar la comida. Como decía, nunca me atrajeron demasiado todas estas cosas (excepto mi adorado pan) pero lo cierto es que tras seguir mi primer plan de adelgazamiento conseguí erradicar su consumo, salvo contadísimas excepciones por fuerza mayor como guateques y barbacoas varias donde o comes lo que hay o mejor te vas a casa. ¿Qué pudo pasar entonces cuando un año más tarde recuperé 6 de los 9 kilos perdidos? Fácil, dejé de hacer dieta y retomé mi vida normal. Espera ¿en serio pensabas que depués de cuatro meses a dieta hipocalórica con un déficit diario de unas 500 calorías para forzar el consumo de reservas de grasa en mi cuerpo retomaría mi vida normal con 9 kilos menos para siempre? Entonces pensabas igual que yo. Pero no, esto no funciona así.

El metabolismo basal consume una cantidad de energía más o menos fija (mayor en hombres que en mujeres y que con el tiempo se va ralentizando) tan sólo por mantener activas tus funciones vitales como respirar, hacer la digestión, mantener el riego sanguíneo… A estas calorías debes sumarle tu actividad diaria. Si es más intensa, tu consumo calórico será más elevado. Si llevas una vida sedentaria, tu consumo calórico será poco más del que requiera tu metabolismo basal. Los planes de adelgazamiento se basan en restar a tu consumo diario de calorías tu gasto energético y acabar como resultado con una cifra negativa, obligando así a tu cuerpo a tirar de reservas. No les des más vueltas, esto es así de sencillo y a la par de complejo. Porque hay algo que es obvio y es que cuando estás a dieta le declaras la guerra a tu cuerpo, él empeñado en proteger sus reservas ante el asedio al que le estás sometiendo y tú bombardeando sus depósitos. Y en guerra no se puede vivir eternamente.

La segunda vez que me puse a dieta fue aproximadamente un año después porque había ganado 6 kilos de los 9 perdidos. Esta vez, tardé cinco meses en dejarlos, es decir, un mes más de sacrificio para perder 3 kilos menos que la vez anterior. Ya me lo advirtió la nutricionista: cuando haces dieta por primera vez tu cuerpo sucumbe con mucha más facilidad. Cuando ya no cuentas con la ayuda del factor sorpresa tu cuerpo ya sabe cómo atrincherarse. ¿Qué aprendí aquella vez? Que mi principal reto no era comer bien a diario si no resistir a las tentaciones del entorno social, es decir: cervecitas con los amigos, cine con palomitas con los niños, barra libre en los eventos festivos, entre otras citas ineludibles de esta maravillosa cultura mediterránea en la que me he criado y a las que jamás me he planteado renunciar.

Aclarado esto, estarás pensando: “entonces ¿qué? ¿me tengo que aguantar con mis kilos de más y dar por perdida la batalla?“. Pues no exactamente. Es cierto que, como decía al principio, si tienes un sobrepeso real (y eso lo deberá decidir un profesional después de valorar un montón de factores que van mucho más allá del archiconocido y algo denostado Índice de Masa Corporal) ponerte a dieta es un buen punto de partida. Hay algo inevitable y es que lo vas a pasar razonablemente mal mientras te sometas a un régimen estricto pero si piensas en clave de cambio nutricional en lugar de plan de adelgazamiento verás que puedes sacar mucho más partido a esta fastidiosa fase que la pérdida temporal de unos cuantos kilos (y de dinero, si vas a invertir en ello).

Según explica en un post del blog Guapatú la nutricionista clínica y coaching nutricional Malva Castro, un estudio realizado por un equipo multidisciplinar de las universidades de Harvard y Tufts, compuesto por expertos en nutrición, metabolismo y neurología y publicado en la Revista Nutrition and Diabetes, concluye que tras seis meses de intervención nutricional y sesiones educativas, los pacientes comienzan a percibir los alimentos saludables como más deseables y los menos saludables como menos deseables. Seis meses ¿te parece mucho para cambiar tu alimentación el resto de tu vida?

5 COSAS QUE APRENDÍ (Y QUE TÚ DEBES APRENDER) PARA SIEMPRE DESPUÉS DE HACER DIETA:

1. Interioriza las pautas de alimentación que te marque el plan. Frecuencia, cantidad, alimentos del menú diario… adóptalas como costumbre.

2. Apréndete los principales macronutrientes que componen los alimentos y qué te aportan. Tenlo presente cuando elabores tus menús.

3. Calcula el aporte energético de los alimentos. Haz tus cuentas antes de tomar decisiones sobre lo que te vas a comer. Suma mentalmente calorías

4. Calcula el gasto energético de tu actividad diaria. Haz tus cuentas cuando vayas a tomar el ascensor o coger el coche. Resta mentalmente calorías

5. Elimina para el resto de tu vida lo que ya sabes que te hace daño. Saca lo tóxico de tus hábitos alimenticios.

ensalada fresca de lechuga, tomate, granada, queso fresco, ...

De corazón, yo me como esta ensalada tan feliz o más que si me pusieran un bol de patatas fritas ¿tú sabes la cantidad de cosas buenas que me estoy regalando con toda esa lechuga, tomate, granada, queso fresco, semillas…?

Si todo lo anterior te parece misión imposible o te está cortando el rollo piensa que toda adquisición de un hábito pasa por un periodo de actitud consciente para después instalarse en el subconsciente. Quiero decir con esto que no se trata de pasar el resto de tu vida contando calorías o buscando en Google cuáles son los macronutientes de lo que vas a comer. Créeme cuando te digo que llegará un momento en el que tu pauta de alimentación siga una normas felizmente aceptadas y asimiladas por tu cuerpo y por tu mente.

No es dieta, no es régimen, no es plan de adelgazamiento. Es vida sana y como tal repercute directamente en tu bienestar, y estar bien supone mejorar tu estado de ánimo, tu autoestima, tu empatía, tu energía para afrontar retos, tus ganas de vivir… Estoy hablando de sentirte bien cuando en uno de esos ataques voraces de hambre elijas feliz y conscientemente comer una manzana en lugar de un donuts.

 

Un comentario en “5 cosas que aprendí para siempre cuando me puse a dieta

  1. En esas estamos. Ciertamente, de toda la práctica de atención plena o mindfulness, la más genial y la que más cuesta es la que se centra en la alimentación, pero es la que más beneficios nos aporta. En efecto, la dieta es un paso para aprender a comer. Genial Post

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