noviembre 9th, 2015 | | Mindfulness

Cinco fases que deberías atravesar mientras sigas con vida

Hablemos de felicidad. Desde que existe este blog lo que más me ha llamado la atención en mis intercambios con las personas que han leído lo que publico es el recelo a creer que machacarte corriendo, beber batidos verdes y/o levantarte a las 5 de la mañana pueda hacer feliz a alguien… Y es que, entre personas inteligentes, cuando se trata de darle una vuelta de tuerca a la vida el primer sentimiento que nos asalta es la suspicacia. No es que me extrañe ni me incomode. ¡Por dios, no! No me canso de pedir espíritu crítico, me parece de una urgente necesidad que la gente ponga filtros a lo que libremente decide creer y hacer. La confusión no es una sensación de quien se hace muchas preguntas sino más bien de quien acepta como ciertas demasiadas respuestas.

Tal y como yo lo veo, la vida es un camino que podemos recorrer por dos tipos de sendas

La primera es un laberinto que te enreda, te marea, te agota y te invita a parar a cada instante para replantearte en qué momento erraste en tu elección. Esta no me interesa en absoluto, escoger una y otra vez el camino equivocado es propio de quién busca atajos o de quien no pone atención en el viaje. Personalmente prefiero las vías anchas y luminosas, que me permitan tener perspectiva suficiente para apreciar las señales, tomar decisiones a tiempo y poder rectificar sin temor a no encontrar el camino si me equivoco. Me refiero a dos tipos de sendas: o te gusta como vives o trabajas para vivir como te gustaría.

Suena genial vivir como te gusta ¿verdad? Pero quizá no te encuentres en ese grupo, lo cual es más normal de lo que imaginas. Hay estadísticas que indican que casi la mitad de la población en España no es feliz, y eso que ocupa el lugar 34 de los 145 países encuestados, lo que induce a pensar que la inmensa mayoría de los habitantes de este planeta son infelices. No te preocupes porque tienes una segunda alternativa, de resultados casi tan buenos como la primera: trabajar para vivir como te gustaría. Y la buena noticia es que trabajando, que es gerundio, también se es feliz.

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Ocurre a veces que, después de demasiado tiempo viviendo infeliz, un día te ocurre algo que te lleva a dar un ‘volantazo’ y a salir del laberinto en el que andabas malgastando tu combustible, quemando rueda y perdiendo el tiempo. Te encuentras en la fase de DESCUBRIMIENTO. ¡Enhorabuena! Todas las fases son importantes pero esta… esta es la que desencadena todo porque te pone al inicio de la autopista que te lleva al lugar adonde tú quieres ir. Agarra el volante con fuerza y pon atención porque, ahora sí, estas ‘on the road’.

La ruta que acabas de abandonar te estaba dejando exhaust@ sin apenas notar avances así que decides dejar de hacer lo que estabas haciendo para empezar a hacer algo nuevo.  Dices adiós a esa fase de dar vueltas y vueltas sobre el mismo camino que no te conducía a ninguna parte y decides pisar el acelerador para transitar por la autovía que lleva adonde crees que puede estar el lugar al que siempre has querido ir. Acabas de dar uno de los pasos más difíciles y trascendentales de tu vida: el CAMBIO.

El cambio es quizá la experiencia más curiosa que un@ puede vivir porque es un camino y un final en sí mismo. Quien comienza a cambiar para alcanzar una meta ya ha comenzado a alcanzar la meta que persigue. Esa capacidad del cambio para retroalimentar a quien lo emprende no evita el cansacio propio del esfuerzo que supone, pero tiene la virtud de no agotar nunca totalmente la energía para poder seguir adelante. Porque el cambio recarga, recicla, renace a las personas…

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Supongamos ahora que en este momento ya transitas por una autopista: te gusta como vives. Eso es fantástico, mucho más de lo que gran parte de la población puede disfrutar. Significa que tus pensamientos y tus actos van en la misma línea y que, en lo fundamental, no tienes problemas de conciencia porque te sientes segur@ en tu opción. En tu forma de ser impera la COHERENCIA. Y eso es realmente importante porque te permite ser tú mism@, sin impostar, algo que de lo contrario absorbería gran parte de la energía que necesitas para centrarte en vivir como honestamente te gusta (ya hablamos sobre algo de esto en el post acerca del EGO).

Desde el cristal aprecias con claridad las señales del camino. Conscientemente eliges hacerles caso o saltártelas, asumiendo desde tu libertad los riesgos que ello conlleva. Porque amas la velocidad, porque te pica la curiosidad, porque te gusta circular en sentido contrario y porque, admítelo, a veces la autovía te parece segura pero aburrida. Bien, te gusta como vives porque conoces el camino y sus normas, incluso para saltártelas, y cuentas un requisito indispensable para saber manejar el principal recurso que necesitarás cuando te llegue la multa, te quiten los puntos del carnet, sufras un accidente o te encuentres perdid@: la ACEPTACIÓN. Esta es la fase más jodida porque implica tragar sapos del tamaño de un puño.

Ojo a esta fase que es la que te va a hacer grande, muy grande. ¿Por qué? Porque cuando descubres que tienes que cambiar para vivir con coherencia, conforme a tus ideales, eres capaz de aceptar todo lo bueno y lo malo que te da la vida. Y esto último, como explica muy bien mi amigo Juan Carlos Montoya aquí, podrás aceptarlo con dolor, sí, pero sin sufrimiento, sin ese rechazo constante a entender que lo que te pasa es la inevitable consecuencia de vivir. Y no se me ocurre otra manera de encontrar la FELICIDAD si no es aceptando la vida.

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A menudo, creemos erróneamente que ser feliz es no sufrir altercados, no sentirse perdido, no darse de bruces con la realidad… pero no es así. No es posible ser feliz si no se vive y vivir es exponerse a que te ocurran cosas… de todo tipo. Que te guste como vives es aceptar las consecuencias de tu forma de vivir como parte de la vida misma, esa que no cambiarías por nada del mundo, por más disgustos que te ocasione. Porque no entenderías vivir de otra forma. Porque, de otra forma, no sería vida, al menos como tú la entiendes.

Y vuelvo al inicio del post. ¿Es posible que alguien sea feliz tras haber permanecido 13 horas trepando por el monte, con un dolor en la cadera insoportable, frío, calor y sueño?; ¿es posible que alguien se sienta bien bebiendo un potaje a base de hojas verdes y fruta batidas durante 24 horas, con una sensación de vacío en el estómago y antojo reprimido constante?; ¿es posible que alguien sea feliz poniendo el despertador a las 5 de la mañana sólo para tener tiempo de pasar dos horas de estiramientos, meditación y desayuno pausado? Pues aquí está la respuesta (la cursiva es mi particularísima experiencia):

  1. Tras mi DESCUBRIMIENTO de que había algo que me estaba frenando (la falta de ejercicio físico, la mala alimentación, las prisas)
  2. …decidí afrontar un CAMBIO para alcanzar mis objetivos (sentirme en forma, comer mejor, meditar)
  3. …y al comenzar a vivir con COHERENCIA mis ideales (el deporte, la salud, la serenidad)
  4. …encontré en la ACEPTACIÓN de mis errores, adversidades y contratiempos (el dolor, el hambre, el sueño)
  5. …el camino hacia la FELICIDAD, esa sensación tan personal que no cabe en una definición pero que tiene la virtud de hacer sentir a quien la experimenta que el Universo está en orden.

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Hay quien dice no saber qué es, quien afirma no conocer esa sensación y ni tan siquiera la busca. Hay quien, sin embargo, la anhela desde siempre, o quien prefiere ni pararse a pensar en ella. Algunas personas consideran que la felicidad no es más que una moderada insatisfacción sin grandes altibajos o una decepción de niveles soportables. Algun@s creen que la vida es una paleta de claroscuros y que la pasamos recorriéndola del blanco al negro… Todo puede ser porque, realmente, ¿qué importa lo que sea la felicidad para los demás si tú sabes perfectamente de qué estamos hablando?

 

 

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