septiembre 11th, 2015 | | Deporte

De corredora esporádica a ultrarunner… 4 grandes lecciones que extraje de mi experiencia

El día 18 de julio de 2015 atravesé el arco de meta de la Ultra Trail de Sierra Nevada tras completar 62 kilómetros con un desnivel positivo de 3.000 metros corriendo y andando durante 14 horas de luna nueva y sol abrasador. Apenas dos años antes me estrenaba como corredora de fondo en una prueba de 7 km en un pueblo de la vega granadina tan llano como la palma de mi mano… A día de hoy, confieso que no sabría decir si estaba más nerviosa en mis primeros 7K que en mi primera ultra maratón.

Pero esta historia comienza nueve meses antes. En octubre de 2014 completé mi primera media maratón, 21 kilómetros que me hicieron sentir la mujer más poderosa del mundo. Culminaba con éxito el último reto que me había propuesto desde que comencé a correr en carreras populares y aún sin recuperar el aliento pensaba en cuántas más cosas que me propusiera podría llegar a conseguir. Por aquel entonces, el tándem de las Maripuris, Ñusi y Paqui, acababa de completar su segunda maratón alpina en Jarapalos (Málaga) y esta vez lo habían hecho de la mano de Rocío y Jovi, la fisio y la entrenadora personal de las que ya os he hablado en alguna ocasión. Sin haberlo planificado, completaron casi todo el recorrido juntas y cruzaron la meta al mismo tiempo descubriendo todo el potencial que tenía el trabajo en equipo. Se sentían tan fuertes que querían más pero… ¿qué más hay después de una maratón de montaña? Una ultra maratón…

Media Maraton de Granada 2014

Mi primer media maratón. Cruzar esa meta me hizo sentir capaz de todo

Ñusi sabía que yo, a otro nivel de competición mucho más modesto, estaba experimentando la misma sensación de venirme arriba que ellas y por eso no dudó (o seguramente sí) hacerme partícipe de sus intenciones. “¿Quieres correr con nosotras la Ultra Trail de Sierra Nevada?”… Ella no era consciente de que el simple hecho de que creyera que yo tenía la más mínima posibilidad de participar en aquella carrera hizo que yo creyera que tenía la posibilidad de participar en aquella carrera. Así que ahí va el primero de mis aprendizajes de este gran reto: CONFÍA EN ALGUIEN Y HARÁS QUE CONFÍE EN SÍ MISMO.

Nunca he hecho puenting pero imagino que la sensación cuando una se coloca al borde desde el que se va a dejar caer debe ser similar a lo que yo sentí en aquel momento. Tomas la decisión de saltar porque sabes que vas a vivir una experiencia inolvidable, sabes que las cuerdas, el arnés y los mosquetones no te van a dejar caer, y sabes que después de hacerlo vas a sentirte capaz de saltar aún desde más alto. Pero no puedes evitar pensar en qué pasaría si algo fallara… Obviamente, las consecuencias de los errores en el running no son las mismas que en el puenting pero siempre existe el miedo a la lesión, pasajera o permanente, además del temor al sufrimiento excesivo por la deshidratación, los cortes de digestión, la caída o el dolor óseo o muscular por falta de entrenamiento.

Equipazo de las Maripuris, las 'originarias' como yo las llamo, Ñusi y Paqui, y las añadidas: Rocio, Jovi y yo

Equipazo de las Maripuris, las ‘originarias’ como yo las llamo, Ñusi y Paqui, y las añadidas: Rocio, Jovi y yo

Añadiré a lo anterior un hándicap que considero más personal y es mi rechazo absoluto a sacrificar mi vida familiar por la deportiva y esto pone las cosas muy pero que muy difíciles cuando el reto requiere entrenamiento constante y prolongado…

De esta guisa ‘emocional’ me planté ante el reto de correr una ultra maratón a seis meses vista. No era la mejor manera de afrontar algo que debería ilusionarme así que pronto empezaron las dudas… Una voz en mi interior me decía que estaba capacitada para intentarlo mientras que otra me llamaba inconsciente. Decidí dejar de hablar del tema con cualquier persona que no estuviera directamente relacionada con la carrera (familiares, amigos, redes sociales… ) ya que todos los comentarios que escuchaba al respecto de mi reto me hacían sentir pequeña y vulnerable: “¿Pero tú estás segura?”, “no sé cómo puedes”, “tú estás muy loca, ¿eh?”… Ojo, que no culpo a nadie de estos comentarios, muchos iban encaminados a engrandecerme, pero el efecto era justo el contrario. Y he aquí el segundo de mis aprendizajes de este gran reto: NO MIDAS LAS DIFICULTADES, NUNCA SABES EL TAMAÑO DE LA PERSONA QUE LAS AFRONTA.

Recuerdo que tras varios días sin dormir, acudí a un entrenamiento de fuerza con Jovi (para fortalecer con abdominales, flexiones, sentadillas, etc, las zonas que necesitas tener también fuertes para correr bien), con la que iba a participar en la carrera en la categoría por equipos, y le dije: “más que entrenar necesito hablar. No estoy segura de poder hacer esto”. Ni que decir tiene que charlar con alguien que se enfrenta a lo mismo que tú es una bendición sea cual sea la dificultad. En este caso, además era una profesional. Básicamente dejó que hablara y hablara sobre por qué creía yo que no iba a poder correr la ultra y cuando terminé me dijo: “tú ponte a entrenar la carrera y ya veremos lo que pasa dentro de cuatro meses”. Como la contraseña de una caja fuerte desbloqueó la zona de mi cerebro que me estaba impidiendo actuar para trabajar en mi reto. Me decía a mí misma, “no vas a correr una ultra, sólo te estás preparando para intentar correr una ultra”. Que no es lo mismo.

Desbloqueado el asunto sobre si podría o no terminar la carrera, me puse a planificar los entrenamientos con el equipo a cuatro meses vista. Fue estupendo comprobar cómo caía una cerveza tras otra el día que las cinco Maripuris nos reunimos en torno a la barra de un bar para consensuar el calendario de tiradas largas: entre 25 y 35 kilómetros cada fin de semana descartando los respectivos días de bodas, bautizos y comuniones, sin cabrear a nuestras parejas ni desatender a los niños, cada una con su problemática y su casuística particular. Ahora sí, el reto parecía una fiesta, no el callejón de la silla eléctrica. Y aprendí la tercera gran lección: TODO RETO PARECE MÁS ALCANZABLE CUANDO POR FIN TE LANZAS A POR ÉL.

No pienses, corre. Como diría el gran Chema Martínez. Es lo mejor cuando se afronta un reto, llenarse los pies de barro

No pienses, corre. Como diría el gran Chema Martínez. Es lo mejor cuando se afronta un reto, llenarse los pies de barro

A partir de ahí, los kilómetros comenzaron a caer domingo tras domingo. A medida que avanzaba la estación el sol apretaba. Los entrenamientos me dieron la oportunidad de conocer más a la gente con la que corría y aprender de su experiencia observándoles y charlando sobre ella. También me conocí a mí misma, cada madrugón, cada hora que pasaba mirando al suelo rocoso de Sierra Nevada para no dar un mal paso y despeñarme, o tragando el polvo que levantaban las zapatillas por los secarrales, o cruzando ríos por troncos húmedos y quebradizos cuando no metiéndome en el agua hasta las rodillas.

Por fin llegó el momento que tanto estaba esperando. Un par de días antes reunimos al equipo para concretar todo lo que había que echar en la mochila y cuál era la estrategia que íbamos a seguir. A mí me daba miedo que se nos hiciera de día, el calor apretara, y que aún no hubiéramos completado la distancia de la maratón, al menos 42 kilómetros de los 62 de la carrera. Pero el resto del equipo insistía con razón en que forzar al principio podía pasarnos factura al final así que decidimos ir al mejor ritmo posible sintiéndonos cómodas y pensando que íbamos a hacer seis etapas de 10 kilómetros, una cifra que absurdamente nos parecía mucho más asequible que 62 kilómetros.

Todas mis cositas preparadas horas antes de empezar la carrera. Qué nerviooos

Todas mis cositas preparadas horas antes de empezar la carrera. Qué nerviooos

La tarde del 17 de julio la pasé como un torero en capilla antes de salir a la plaza. Preparé todo lo que debía llevar en la mochila (barritas energéticas, vaselina, pilas de recambio, tiritas, manta térmica, ibuprofeno…) Me zampé un bocata de jamón y salí con mi tribu hacia la línea de salida ensimismada en mis pensamientos. Por el camino empecé a visualizar gente con sus frontales y mochilas y empecé a entrar en comunión con los 450 inscritos de la ultra trail. Justo antes de que sonara el pistoletazo de salida, mi madre, Jaime y los niños se encargaron de meter en mi mochila algo que también me iba a hacer falta: muchísimo ánimo… Y ya sí, lo tenía todo. Estaba preparada.

A las 12 de la noche partía camino de Granada a Güéjar Sierra para tratar de completar una ultra, ¡yo! Nunca antes cobró para mí tanto sentido el eslogan popularizado por el mítico atleta Chema Martínez: no pienses, corre. Dejé de juzgar lo que me estaba ocurriendo y simplemente corrí, vaya si corrí. Los primeros 10 kilómetros fueron una fiesta que pasó casi desapercibida para mis piernas: reímos, gritamos y hasta bailamos en el primer avituallamiento fantásticamente organizado por Sapiens Human Runner.

La carrera fue una fiesta los 10 primeros kilómetros

La carrera fue una fiesta los 10 primeros kilómetros

Los primeros 20 me hicieron caer en la cuenta que estaba participando en una carrera de fondo… me dolían las rodillas y pensé, “normal, acabas de completar casi una media maratón, hace un año esta distancia era un sueño para tí”. Los primeros 30 kilómetros cayeron como un jarro de agua fría sobre el equipo. En el ecuador de la carrera tomamos la determinación de recurrir a nuestras capacidades individuales para afrontar el resto de la prueba y yo tuve que decidir si me sentía fuerte para unirme a la mitad del equipo que tiraba del carro o aflojaba el ritmo para continuar junto a la otra mitad que se sentía muy tocada y con dudas de poder completarla. Finalmente creí que lo mejor sería tratar de acabar cuanto antes mientras mis piernas respondieran. Y así, completé mi primera maratón alpina bien amanecido ya, 42 kilómetros con los que apenas se me saltaron las lágrimas, porque a esas alturas de la carrera aún podía controlar mis emociones. No quería juzgar lo que estaba ocurriendo, simplemente, estaba ocurriendo. Y llegué a los 50

Ahí ya sí que lloraba. Y no era de emoción...

Ahí ya sí que lloraba. Y no era de emoción…

Francamente, no sabía cómo iba a enfrentarme al último tramo. Ya había agotado todas mis reservas físicas y mentales. Eran casi las once la mañana y mi móvil comenzó a vibrar. Jaime me estaba llamando para saber por dónde iba… no pude cogérselo. Mi estabilidad emocional pendía de un hilo y temía que cualquier cosa que pudiera decir, sólo por oír su voz, pudiera hundirme en la desesperación. “Me faltan 10 kilómetros. No sé cómo voy a llegar”, le escribí en un ‘guasap’. En aquel penúltimo avituallamiento se encontraba mi vecino, personal de mantenimiento de Sierra Nevada, que once horas antes me reconoció en la línea de salida  y no quiso ni hablarme porque, según él, era mejor que no tuviera mucha información sobre el recorrido… Me vio y me dijo con cara de asombro: “al final… lo vas a conseguir…” . ¡Lo vas a conseguir… dándolo por hecho! Cuando mi cuerpo me estaba diciendo que allí terminaba mi aventura mi cabeza me dijo: VAMOS. Y mis piernas reanudaron la carrera.

Ultra Trail Sierra Nevada 2015

Para la foto siempre se sonríe, pero sinceramente… ganas había pocas ya…

Veía a Paqui y a Ñusi en lontananza (me encanta este palabro) y me imaginaba que estábamos unidas por una goma elástica. Y así; tras unas interminables 3 horas de tira y a afloja de aquella cuerda invisible, llegamos a dos kilómetros de la línea de meta. Ellas me esperaron porque querían que entráramos las tres y me gritaron: “Ontiiiiiiii vamos!” A lo que yo les contesté, ya sí, a moco tendido, “no puedoooo”. Era absurdo no poder a escasos dos mil metros de distancia llegar a la meta pero ¡era verdad! Así que una vez más la cabeza ordenó a las piernas morir en el intento de llegar si fuera preciso, pero llegar. Y completé la Sierra Nevada Ultra Trail 2015, 14 horas después de cruzar la línea de salida, cuatro meses después de empezar a entrenarla en serio, seis meses después de inscribirme y casi nueve desde que tomé la decisión de afrontar el reto.

Ultra Trail Sierra Nevada 2015

La familia, ay… la familia, verles allí fue tan emocionante

Este post es largo, muy largo, y llega tarde, pero no quería dejar de contar cómo lo viví yo porque es una visión tan personal que sólo interesará a quien en algún momento ha sentido miedo de enfrentarse a un reto que creía demasiado grande, demasiado inalcanzable. Por eso quería contar todo el proceso, sin prisa y con detalle. A veces pensamos que quien consigue algo muy difícil es un héroe o una heroína, alguien dotado de unas condiciones físicas y/o mentales extraordinarias. Personas poco comunes, un poco locas, un poco sobrenaturales… Y no nos falta razón. Es cierto, HAY METAS QUE SÓLO PUEDEN CRUZAR PERSONAS EXTRAORDINARIAS. LA CLAVE ESTÁ EN DARTE CUENTA DE QUE TÚ ERES UNA DE ELLAS.

Nota: si quieres leer una crónica realmente buena de la carrera, no dejes de pinchar aquí y verás como Ñusi Martos, alias ‘la capitana’ de las Maripuris (de mi mote mejor no hablamos), te pone los pelos de punta en su blog de Cualquiera Puede Hacerlo, nuestro club.

5 comentarios en “De corredora esporádica a ultrarunner… 4 grandes lecciones que extraje de mi experiencia

  1. Marcos Rebolledo dice:

    Uff!! Tengo el corazón acelerao porque estoy volviendo a correr la USN sólo de leer esta crónica. Cada uno preparamos y vivimos los días y meses anteriores, y la carrera, a nuestra manera.Pero creo que en todos los que corremos hay sensaciones comunes. Como ya dije en la crónica de Ñusi, me admiró veros trabajar en equipo. Aprendo de tus aprendizajes. La crónica se ha hecho esperar, pero ha merecido mucho, mucho la pena leerla. Un saludo, y a corré!!!

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