octubre 24th, 2016 | | Deporte

Dieta equilibrada: fin del mito del “hay que comer de todo”

Pues no, no hay que comer de todo. Lo de la dieta equilibrada es un mantra que a base de repetirse una y otra vez parece que es incontestable. Pero NO.

Afortunadamente, son ya muchas las voces reconocidas y acreditadas -la más reciente y por la que me he lanzado a escribir este post, la de El Comidista, Juan Revenga–  que se unen a caminar en la dirección de que comer de todo y mantener una dieta equilibrada juega en favor de comer más azúcares, grasas insanas, hidratos de carbono simples, alimentos muy procesados y un largo etcétera de productos ideados por la industria alimentaria para que no te aburras cuando vas a hacer la compra y comas de TODO.

…de TODO lo que no deberías incluir en tu dieta equilibrada.

Parece una tontería esto del “hay que comer de todo” pero el uso del lenguaje es un arma de doble filo. Soy consciente de que estarás pensando al leer esto que decir que la dieta equilibrada es un mito es una barbaridad. Y que el verdadero sentido de las palabras de quienes defienden que hay que comer de todo es que hay que comer cosas sanas, verduras, frutas y tal… Pero la realidad es otra muy distinta y nos muestra que detrás de la tradicional creencia de que hay que mantener una dieta equilibrada se esconden un buen puñado de excusas para incluir alimentos poco recomendables en nuestra alimentación.

Y es que va a ser que lo verdaderamente saludable, lo bueno para ti y para tu familia, es que tu carro de la compra, el frigorífico y la despensa sean lugares aburridos (ejem…). Porque, siento ser yo quien te de esta mala noticia pero alguien tenía que hacerlo, el acto de alimentarse no forma parte de tu ocio -aunque en nuestra cultura sea además un factor socializador- sino una función vital que estás obligad@ a atender entre 3 y 5 veces al día.

Así que más te vale hacerlo bien porque lo que está en juego es tu salud y la de los tuyos…

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Cómo dejar de seguir una dieta equilibrada

En febrero hará dos años que reduje drásticamente el consumo de alimentos de origen animal, tal y como te comenté en este post. Mi objetivo era desequilibrar mi dieta inclinando la balanza claramente del lado de las verduras, frutas, legumbres, semillas y raíces, dejando los lácteos y los huevos como fuente casi única de proteínas de origen animal, y eliminando CASI totalmente carne y pescado de mi alimentación.

Después de mi experiencia,si te animas a declararte ‘re-verde’ y a dejar de seguir una dieta equilibrada estoy en disposición de dejarte algunos consejos que a mí me habrían resultado muy útiles en su día.

No empieces por etiquetarte

Yo no he tomado la determinación de comer así para ser considerada ‘algo’, es decir, para ser considerada vegetariana/vegana/ovolácteovegetariana/ni nada de nada. Simplemente tengo la firme convicción de que cualquier ser humano debería comer así. Pero como tampoco se trata de ir dando lecciones por la vida, recurro al lenguaje para que me eche una mano y me declaro flexitariana, osea que no sigo una dieta equilibrada sino una dieta vegetariana flexible.

Es decir, que sólo sé que no soy nada aunque por llamarme algo me llamo flexitariana o flexivegetariana (me ha salido un pareado, sin haberlo planeado). Esta es una etiqueta con la que me siento más cómoda porque sintetiza mi pauta de alimentación con honestidad.

Haz algunas excepciones

Las mías son el jamón serrano, cuanto más bueno mejor, y el pescado pequeño y salvaje (pescaíto). Dice la diestista Lucía Martínez Argüelles de Dime qué Comes en su libro Vegetarianos con Ciencia, que faltan radicales en los tiempos que corren, y estoy de acuerdo en que con medias tintas poco o nada se consigue en este mundo, así que vaya por delante que este argumento no es ninguna excusa para seguir manteniendo la dichosa dieta equilibrada. Me explico.

Como excepciones que son, los consumo en ocasiones contadas, normalmente coincidiendo con el fin de semana o en ocasiones especiales, cuando me resulta algo más complicado seguir mis restricciones. Si eres de l@s mí@s  te preocupará que el hecho de no seguir una dieta equilibrada te impida  llevar una vida tan normal como la de cualquiera. Yo soy muy gregaria y no me gusta la idea de crearme un áurea de rareza en torno a lo como y lo que no. Bien, para eso están las excepciones (las justas y necesarias).

Miente si es necesario (un poquito)

Uno de los factores limitantes a la hora de dar de lado a la dieta equilibrada y declararse en ‘re-verdía’ es el miedo a no poder llevar una vida normal, a ser oficialmente el/la rarito/a moderno/a de turno… Oye, que a mí me pasa igual, no te creas, pero si sabes mentir (un poco) te recomiendo que esquives las explicaciones con cualquier excusa (uish.., pues no me apetece, …no tengo hambre…, justo ayer comí de eso…, ya me he comido un trozo antes en la cocina…). ç

A mí me bastaría con contestar ‘porque no me gusta’ a la pregunta ‘por qué no comes de esto o de aquello’ para que nadie se percatara de que no como carne ni pescado.  Pero me extirparon la capacidad de mentir al nacer… un coñazo, esta absurda manía de decir siempre la verdad.

Cambia tu fondo de nevera

Si quieres cumplir con tus buenos propósitos de comer más verduras, no te lo pongas difícil. Es decir, no puedes tener hambre, ir a la nevera y no encontrar más que una natural y riquísima pero triste zanahoria frente a decenas de sabrosas opciones prefabricadas, coloreadas, aromatizadas, atractivamente presentadas para conquistarte.

Date un paseo casi todos los días por la frutería y llévate lo que más te entre por los ojos: esos plátanos de canarias con aroma tropical, esas fresas con olor a tarta, esos tomates que ya te saben a gazpacho al mirarlos, esas lechugas que crujen con solo apretarlas. Tu fondo de nevera no puede ser industrial sino agrícola. Y te tiene que encantar lo que ves al abrirla…

Métele mano a la cocina

Esto yo lo llevo fatal, pero es que si no… no hay manera. A ver, si hemos llegado a esta lamentable situación en la que el 70% de la dieta de los españoles se basa en alimentos procesados frente a un 30% de frescos, según denuncia Justicia Alimentaria Global, es porque no tenemos tiempo para cocinar (o lo invertimos en otras cosas). Sigo en mi línea realista y no trato de hacerte creer que yo me he convertido en una cocinillas para comer bien. Soy muy muy básica a la hora de elaborar mis platos pero sí confieso que he tenido que cambiar el chip para dedicar parte de mi tiempo a buscar recetas y pasar más tiempo en la cocina (¿entre media y una hora al día? No más)

Cambia tus cacharros de cocina

Siguiendo con lo anterior, la forma de cocinar forma parte de la base de la pirámide alimentaria actualizada por la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria este año. Ello quiere decir que, muy por delante de la elección de lo que comemos, está la forma cómo cocinamos, y se aboga por técnicas que alteren poco las propiedades del alimento, como el vapor, el horno, la plancha, versus la fritura, el microondas, la olla exprés… Las mías tienen, literalmente, telas de araña (por cierto, las tengo que limpiar…)

Apúntate: necesitas vaporera, parrilla, horno, y algunos utensilios para comer en crudo como cuchillos de cerámica, rallador, mandolina, espiralizador… si los tienes, los usas. Si no, te aburrirás de la plancha.

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Beneficios de abandonar la dieta equilibrada

Si has leído alguno de mis post sobre nutrición, ejercicio o meditación, te habrás percatado de que soy bastante pragmática. No quiero darte la brasa (aunque algunas veces me puede el ego y te suelto un sermón, jaja) con argumentos profundos porque ésos los tendrás que hallar tú personalmente.

En el caso de la alimentación, me centro en aspectos fisiológicos más que otra cosa porque son los que vas a notar con más inmediatez y los que te dejarán con ganas de seguir profundizando en el resto de beneficios de comer más vegetales y menos animales, como recomienda otro gran nutricionista (carnívoro), Julio Basulto, en su último libro que titula precisamente así y que por supuesto ya tengo en mi mesita de noche.

En alguna ocasión me han preguntado ¿qué has notado desde que no comes carne ni pescado? Podría haber contestado que siento una paz interior, un equilibrio emocional, una felicidad y una energía nunca experimentada cuando comía carne y pescado… pero como nunca miento (cachis) solo me ha salido decir:

Liviandad

las digestiones son más ligeras, como te podrás imaginar. Cuando termino de comer un buen menú basado en vegetales, legumbres, arroces y pastas integrales… no tengo necesidad de arrastrarme al sofá para reposar el atracón (bueno, a veces sí porque no soy de raciones pequeñas precisamente, pero se me pasa pronto). Hago cinco comidas al día, como cuando era pequeña y, sin embargo, me siento ligera.

Estabilidad en el peso

Comer verduras no va a adelgazarte a menos que previamente hayas hecho una dieta hipocalórica  (o que al cambiar tu forma de alimentación, aumentes tu gasto de energía y tu metabolismo reaccione haciéndote perder peso. Podría pasar, pero solo podría). Lo que sí es cierto es que seguir una dieta verde me ha dado mayor estabilidad en mi peso.

Aunque vengan periodos de excesos, porque yo también cometo excesos cuando toca (a veces más a menudo de la cuenta), lo cierto es que suelen ser excesos de cosas buenas o, al menos, no tan malas. Por ejemplo, cuando se acercan las Navidades me cuelo con el vino, los frutos secos, las salsas en las ensaladas, los mantecados, el jamón serrano, caerá algún marisco… pero no me verás harta de carnes rojas ni pescados azules ni embutidos ni dulces, sencillamente porque no entran en mi wish list (o lista de los deseos de lo que me gustaría zamparme).

Regularidad

Es por el efecto de la fibra. Tanta hoja, tanta cáscara, tanta piel, tanta pulpa… al final vas arrastrando porquería de las tuberías de todos los órganos de tu sistema digestivo y no tienes más remedio que expulsarla de tu cuerpo en forma de heces. No es una razón muy glamourosa pero, qué quieres que te diga chic@, yo estoy encantada de soltar lastre más de una vez al día…

Adiós a la mala conciencia

Si sé que es vegetal, me lo zampo sin reparos. Algun@s invertimos un buen rato en analizar la carta de los restaurantes o en el súper pensando ¿esto será demasiado? ¿si me pido una ración entera para mí, me tendrán que sacar en brazos? con la panzá que me he dado de correr esta mañana, ¿no mandaré a tomar por saco todo el esfuerzo si me como esta bomba?…

Bueno, pues yo mis ensaladas me las hago en un bowl familiar para mí solita y me sacio sin problemas de conciencia, y en los restaurantes me pido una de las suele ir al centro para compartir pero solo para mí. Y qué bien sienta ponerse hasta arriba sin mala conciencia…

Tranquilidad

Yo me fijo en las etiquetas de todo lo que compro procesado, para ver cuántas E’s me encuentro (luego cotejo la información con la que me proporciona esta página sobre aditivos, de Moisés Chacón que es un crack y que me encanta). Cuando voy a la frutería me ahorro ese trabajo.

Sé que estarás pensando en pesticidas, abonos fitosanitarios y demás venenos que se usan en el campo. No te lo niego, yo misma trabajo en la industria agroalimentaria, no soy neófita en la materia. Hazme caso, si compras ecológico, local y de temporada no tienes por qué preocuparte. Se trata de hacerlo lo mejor posible, la perfección nos queda lejos, al menos a mí, pero como aspiración no es un mal punto de partida a la hora de alimentarse empezar por ahí.

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Por lo demás, seguir deliveradamente una dieta desequilibrada en favor de las verduras es una inversión a largo plazo en salud. No como de todo porque dentro de ese TODO hay tantas cosas que sé que no me hacen bien que si puedo privarme de ellas sin duda lo voy a hacer.

Hay muchos factores hoy que influyen en nuestra calidad de vida del mañana. Muchos son externos, como los de tipo genético o ambiental, y no dependen de nosotros o al menos no exclusivamente; otros son adicciones superiores a nuestra voluntad y batallamos contra ellos con más o menos éxito como el tabaco o alcohol; otros nos exigen cambios radicales en nuestra vida como abandonar el sedentarismo para abrazar una vida activa haciendo hueco diario al ejercicio en nuestra agenda…

Pero sin duda, el factor con más incidencia en nuestra calidad de vida es la alimentación y ésta depende de nosotros, está al alcance de todos y nos ofrece muchas alternativas saludables para adaptarlas a nuestra vida. No hay excusas.

 

2 comentarios en “Dieta equilibrada: fin del mito del “hay que comer de todo”

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