julio 22nd, 2016 | | Mindfulness, Sin categoría

Felicidad Interior Bruta: inviertan YA en la educación en el entorno familiar

Leo en los periódicos de mi ciudad que el cierre del ‘botellódromo’ (un espacio aislado y acotado para beber alcohol comprado en supermercados) amenaza con diseminar por toda la ciudad grupúsculos de jóvenes bebiendo, vociferando y meando en las calles. Parece que se va a multiplicar la presencia policial para acudir a la llamada de socorro de los vecinos que se levantan a las 7 para ir a trabajar o tratan de dormir a sus bebés desvelados.

También leo que en la mundialmente archiconocida fiesta de los San Fermines, se ha puesto de moda manosear chicas y chicos aprovechando que los niveles de alcohol en sangre les impiden articular la palabra NO y mucho menos resistirse físicamente a que los violenten (o violen, directamente).

Cuesta entender cómo los chavales, alejados del perfil comúnmente aceptado del delincuente o violador, se divierten en el contexto de las fiestas de su ciudad hasta que de repente se sale todo de madre y por algún motivo se difumina la línea que separa el placer de la depravación más asquerosa.

pokemon

La fiebre desatada por Pokemon Go es… bueno, yo es que tengo que seguir reflexionando al respecto…

Por otra parte, las redes sociales difunden imágenes de zombies que deambulan por las calles mirando las pantallas de sus móviles, chocando entre sí, ensimismados en lo que sus aparatos les muestran que no es más que la misma realidad que tienen frente a sus narices pero aumentada (o disminuida, diría yo) por el filtro de la pantalla, con dibujos animados que conviven con seres de carne y hueso irrelevantes en verdad.

Aunque espeluzna (a mí) y presagia un futuro inquietante tampoco sabemos muy bien por qué deberíamos preocuparnos cuando aparentemente es una genialidad tecnológica…Pero cada día que pasa es mayor el tiempo que dedicamos a interactuar con los móviles y menos con el entorno real, el que está vivo y se puede tocar.

Vale, pues tengo la solución a todo esto…

Invertid en mis hijos y en nosotros, sus padres, que somos esos de los que toda la sociedad se acuerda cuando salta a las portadas la noticia de que un niño se suicida dejando una carta donde explica que es la única solución para dejar de ir al infierno de la escuela o cuando se publican estadísticas sobre el aumento de la violencia machista entre adolescentes, por ejemplo.

Tiempo de calidad... ¿os suena? Ese en el que no parece existir el reloj cuando estás con ell@s

Tiempo de calidad… ¿os suena? Ese en el que no parece existir el reloj cuando estás con ell@s

Sé cómo educarlos para que respeten el descanso de los demás, para que valoren los espacios públicos y no destrocen algo que es suyo, para que tengan otras inquietudes más allá de pasar las horas muertas bebiendo en una plaza. Sé cómo ensanchar su horizonte, incitarlos a imaginar otros escenarios, tentarles a que busquen experiencias más enriquecedoras, y animarlos a diversificar el ocio nocturno que ahora sólo son capaces de planear en torno a una botella de ron o vodka.

Invertid en mí para que pueda hacerme cargo de esa labor.

Invertid en nosotros. Sabemos qué hacer para que aprendan a respetar a sus compañeros, para que hagan uso responsable de la libertad de la que gozan. Cómo enseñarles a manejar sus emociones, a reconocerse en actitudes destructivas para sí mismos y para los demás y ponerles freno, a llamar por su nombre a la rabia que sienten y remediarla antes de hacer daño a nadie. A educar la empatía. Sabemos cómo crearles la curiosidad por mirar y la capacidad ver…

En el Museo del Prado, con esa mirada irrepetible que se tiene a los 6 y 4 años

En el Museo del Prado, con esa mirada irrepetible que se tiene a los 6 y 4 años

Invertid en mí, en su padre, en nuestra familia, para que podamos transmitirles lo que aprendimos de nuestros padres, sus abuelos, y cómo lo hemos enriquecido con nuestras vivencias personales. Creemos saber cómo propiciar el despertar de su conciencia, cómo enseñarles a tomar decisiones y asumir las consecuencias que derivan de ellas.

Dedicándoles tiempo de calidad, podemos charlar con ellos para ver qué conclusiones extraen de la realidad que les rodea y comprender qué les lleva a pensar así. Sabemos cómo hacerles ver que hay otros mundos tan distintos y tan parecidos al mismo tiempo a este en el que viven…, que valoren lo que tienen y luchen por lo que no tienen y quieren conseguir.

 

Vareando olivos, conociendo el origen de las cosas y el valor del trabajo que las transforma

Vareando olivos, conociendo el origen de las cosas y el valor del trabajo que las transforma

Sabemos cómo hacerlo. Queremos hacerlo. Pero necesitamos ayuda…
Nuestros hijos tienen dos meses y medio de vacaciones en verano, merecidas y necesarias. En nuestro trabajo y en el de la inmensa mayoría de padres que trabaja por cuenta ajena es difícil juntar un mes completo. Cuando se es autónomo, con suerte se pueden apañar horarios más flexibles para hacer acrobacias con los hijos pero plantear el cese total o parcial de la actividad conlleva una falta de ingresos muchas veces inasumible.

No sé si a alguien le quita el sueño qué es lo que ocurre con esos niños y niñas durante el mes y medio mínimo que resta hasta que se reanudan las clases… pero debería. Nos va el futuro en ello. A todos.

 

Despertando su curiosidad por la ciencia, con largas charlas sobre el Universo

Despertando su curiosidad por la ciencia, con largas charlas sobre el Universo

Una jornada completa normal en España tiene 8 horas partidas en mañana y tarde. La escuela lleva a nuestros hijos 6 horas diarias de 9 a 14. Tirando de aula matinal y comedor puedes cubrir la parte de la mañana que tienes que estar en tu puesto de trabajo pero para completar la jornada tendrás que planificar un par de extraescolares como poco. La reducción de jornada (y de salario) no es una opción sino una necesidad que se cuestiona y se castiga…

¿A alguien le quita el sueño cuántas horas diarias pasan los niños y niñas fuera de su entorno familiar? Debería. El modo como se desarrolla la infancia deja huellas imborrables en la etapa adulta.

Ocurre a menudo que tras pasar una noche toledana de mocos, toses, picores, fiebres, sudores, pesadillas, terrores nocturnos… suena el despertador y hay que salir corriendo al trabajo como cada mañana, donde a nadie le importa cómo hayas pasado la noche. Otras veces la condición física de los hijos es tan mala que no puedes sacarlos de casa… ¿A alguien le importa con quién se quedan?

 

Inculcándoles la afición por el deporte y la vida sana

Inculcándoles la afición por el deporte y la vida sana

Pero es que hay algo aún más desolador… cuando termina la jornada de los padres trabajadores fuera de casa, comienza la jornada de los padres trabajadores dentro de casa. Esta segunda parte, que debería ser la que más satisfacción nos proporcionara a quienes voluntariamente hemos decidido formar una familia se convierte con frecuencia en la gota que colma el vaso de nuestra capacidad de digerir situaciones complejas.

De esta forma, no sólo no se disfruta del ejercicio de la paternidad de manera consciente y responsable sino que se despacha como mero trámite previo al necesario descanso del guerrer@. Y esto no se elige, simplemente flaquean las fuerzas ante la más mínima situación problemática con tus hij@s y te hundes en un lodazal de gritos, reproches y castigos o, lo que es peor, en una rendición absoluta ante lo que se ha convertido en un problema en lugar de una recompensa cuando regresas del trabajo.

¿A alguien le preocupa esto?

Disfrutar del placer de no hacer nada junto a ellos... porque aburrirnos es de lo mejor que podemos hacer a veces

Disfrutar del placer de no hacer nada junto a ellos… porque aburrirnos es de lo mejor que podemos hacer a veces

Hemos asumido con pasmosa naturalidad que ser padres es enrolarse voluntariamente en un batallón de infantería para librar una particular guerra de los Cien años. Pero a nadie parecen importarle las bajas ni las heridas de guerra ni los daños colaterales. Y lo que es más grave, nadie parece capitanear este ejército ni tener claros cuáles son los objetivos de su lucha. En la crianza de nuestros hijos e hijas, todos los objetivos son colectivos. Trascienden, con mucho, a los objetivos del núcleo familiar porque, finalmente, se trata de poner en la calle a ciudadanos y ciudadanas preparados para dirigir el Mundo.

Entonces ¿por qué tenemos que afrontar esto sol@s? ¿Por qué no se apuesta sin ambages por la educación en el entorno familiar como extensión que es de la educación en las escuelas?

No se trata de abrir más aulas matinales para poder dejar a los niños antes de que amanezca, ni más comedores que nos liberen de la ingrata tarea de enseñarles a comer bien y que de paso nos atrasen la hora de su recogida. No hablo de más extraescolares para atosigarlos con actividades que seleccionamos para cubrir la imposición horaria de nuestros trabajos en lugar de sus motivaciones y capacidades. Ni de escuelas de verano que nos permitan prolongar el ritmo escolar durante al menos un mes más para que no afecte a la compleja organización que hemos diseñado el resto del año.

 

Y mostrarles la naturaleza y sus leyes, respirando aire fresco

Y mostrarles la naturaleza y sus leyes, respirando aire fresco

Yo quiero poder hacerme cargo de mis hijos de manera responsable y consciente sin renunciar a mi trabajo. De hecho, a menudo me he planteado dejarlo para hacerme cargo en exclusiva de ellos pero ¿no sería eso un gran fracaso social? ¡Ojo! No mío, yo triunfaría como la que más si finalmente optara por volcarme de lleno en la tarea más importante que jamás me he traído entre manos.

Pero lo veo un descalabro colectivo. Muchas mujeres pelearon antes que yo para tener opción de trabajar fuera de casa y contribuir a la economía familiar como cualquier hombre. Este país me ha formado en la Universidad y se supone que ahora puedo demostrar con mi trabajo lo que aprendí y puedo devolver esa inversión en forma de riqueza para mi empresa.

El desarrollo profesional me ha permitido tener una visión más clara del funcionamiento de nuestra sociedad, soy más consciente de lo que tengo y de lo que carezco. Me gusta trabajar y no voy a obviar que mi salario me ha facilitado el acceso al consumo de cultura, viajes, ocio, …comodidades que generaciones anteriores no tenían. No quiero ni debo ni puedo renunciar.

 

Y educarlos para que adquieran habilidades que requieren paciencia... como la pesca

Y educarlos para que adquieran habilidades que requieren paciencia… como la pesca

Pero podría dedicarme a criar a mis hij@s, sin duda esto me haría muy feliz. Y, sin duda, también haría este mundo mucho más pequeño, tuerto de un ojo, el que aporta la mirada de la mitad de la población*.

Entonces ¿qué es lo que planteo?

Es increíble que en pleno siglo XXI nos encontremos ante el difícil reto de hacer entender a la sociedad (con todos sus agentes implicados) que la educación de nuestros hijos es cosa de todos. Se actúa como si los niños fueran un problema de sus padres, cargando sobre la espalda de un puñado de valientes la responsabilidad del futuro de la Humanidad.

¿Cómo sería una sociedad en la que cuando un niño estuviera enfermo sus padres contaran con la comprensión de su entorno laboral para quedarse en casa a su cuidado? No hablo de herramientas legales, que en este caso concreto las hay, sino de presión social, de autocensura a la hora de plantear abiertamente que tienes que ausentarte porque tus hijos te necesitan.

 

Y enseñarles que el mundo en el que viven no siempre fue un lugar maravilloso

Y enseñarles que el mundo en el que viven no siempre fue un lugar maravilloso

¿Qué pasaría si con toda lógica se planteara la situación como un contratiempo colectivo en el que se pusieran en marcha los mecanismos necesarios para que el desempeño del trabajo pendiente de ese padre o esa madre pudiera ser atendido por el resto del departamento sin sobrecargarlo y sin mayores consecuencias para la empresa?

Al fin y al cabo, ese trabajador no se ha quedado en casa por decisión propia sino por fuerza mayor. ¿Qué sentido tiene que tenga que soportar la carga añadida de la crítica soterrada o abierta de su entorno laboral?

¿Cómo sería trabajar en una empresa donde el calendario escolar tuviera peso específico a la hora de planificar la producción? No me refiero a permitir que los trabajadores con hijos tengan prioridad a la hora de elegir cuándo se pueden tomar los exiguos quince, veinte o treinta días de vacaciones. ¿Y el resto del verano?

Y descubrir que la música puede hacerles bailar aunque no quieran...

Y descubrir que la música puede hacerles bailar aunque no quieran…

Miramos hacia otro lado para no ver la incómoda realidad de que nuestros niños siguen madrugando para ir a coles de verano, que nos gastamos todos los ingresos de un mes en campamentos para que otros hagan lo que nosotros no podemos, que les hacemos las maletas y los enviamos a vivir con los abuelos que se ven envueltos (con ganas y buena disposición pero sin más remedio que hacerlo) en un guirigay de comidas, vestuario, normas de seguridad, trastadas y alegre rebeldía.

¿Por qué no se asume que un trabajador que se ausenta total o parcialmente durante las vacaciones escolares  lo hace porque tiene que atender a sus hijos –no para irse al Caribe- y que, por tanto, se trata de un asunto colectivo, no personal?

Y que deben aprender a surfear las olas cuando el mar se pone bravo

Y que deben aprender a surfear las olas cuando el mar se pone bravo

Hay que cubrir las necesidades derivadas del ejercicio de la paternidad/maternidad que afectan al desempeño óptimo de cualquier puesto de trabajo. Todas las políticas de permisos, excedencias, flexibilidad horaria, teletrabajo, movilidad, bajas, ayudas económicas, etc, relacionadas con la educación en el entorno familiar deberían tener el respaldo de políticas públicas de apoyo a las empresas que las implementan. La patronal debería cuantificar el gasto que supone el impacto de estas medidas para la empresa y recibir de la administración pública el apoyo necesario para que no afecte a sus cuentas.

No obstante, y aún así, la empresa también debe asumir como propia la parte de responsabilidad que todo agente social tiene sobre la crianza de los niños y niñas. Al fin y al cabo, están delegando en los padres buena parte de la formación de mano de obra o fuerza del trabajo del futuro, como ahora se dice. Y algo igualmente importante, ningún padre o madre trabajador que se sienta inquieto, inseguro o culpable por la situación de su familia en su ausencia por trabajo es plenamente productiv@ .

De tal modo, en ningún caso el ejercicio de la paternidad por parte de los trabajadores debería suponer una merma en la rentabilidad de la empresa ya que, de ser así, será imposible alcanzar el objetivo de que éstos puedan hacer uso de las medidas a su alcance sin presión, sin críticas explícitas o veladas, sin sentimiento de culpabilidad, sin represalias, sin aislamiento, sin falta de confianza, sin chantajes, sin MIEDO en definitiva…

 

Y si te cortan las alas, te pintas unas nuevas...

Y si te cortan las alas, te pintas unas nuevas…

Aprueben partidas presupuestarias específicas para apoyar la educación en el ámbito familiar y se ahorrarán gasto público en sanidad, justicia, seguridad, asuntos sociales,… Apostad por la educación de nuestro hij@s en el entorno familiar y obtendréis recompensa en forma de paz social, de FNB, Felicidad Nacional Bruta, el nuevo indicador de crecimiento económico que tarde o temprano se acabará imponiendo, como en algunos países que camina por delante del nuestro ya lo han hecho.

Para terminar, confesaba un miembro de la CUP, Anna Gabriel, que tendría ‘hijos en común con un grupo’. Las críticas no tardaron en lloverle por estas declaraciones que invitaban a fantasear con comunas hippies donde los conceptos padre y madre quedaban difuminados. Yo, de aquella intervención me quedo con otra idea, la de ‘tribu de crianza compartida’. Para quienes ponen bajo sospecha la sugerencia de Gabriel por su incuestionable sesgo ideológico, aporto una visión en la misma línea del escritor, profesor y filósofo, José Antonio Marina, quien en sus cientos de disertaciones sobre el tema de la educación suele aludir a un proverbio africano: “para educar a un niño hace falta la tribu entera”

Porque al final, se trata de demostrarles que sólo el amor puede salvarnos

Porque al final, se trata de demostrarles que sólo el amor puede salvarnos

 

*Ante la absurda hipótesis que plantea que trabaje uno de los dos para que el otro se haga cargo de la familia, no hago distinción de género. No entra en mi planteamiento que sea la mujer quien, en caso necesario, deba elegir entre trabajar fuera o dentro de casa. Simplemente planteo que la renuncia al empleo empobrece la visión del miembro de la pareja que solo trabaja en el ámbito familiar.

Dejar una Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puede utilizar estos atributos y etiquetas HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>