noviembre 18th, 2015 | | Deporte

La primera maratón. Mi experiencia en Valencia 2015

Han pasado tres días desde que entré en la meta del Maratón de Valencia Trinidad Alonso 2015, mi debut como maratoniana, y al teclear estas líneas aún me emociono. Puede que sean los efectos del exceso de la dopamina, una substancia química que actúa como neutrotransmisor de la sensación de placer y que se segrega durante situaciones agradables como la de estar a punto de alcanzar un objetivo. Debo tener tal colocón de la dichosa hormona que me falta palmotear como una niña chica cuando me preguntan por mi primera maratón… Ahora bien… se sufre, ¿qué pensabas? Vaya si se sufre…

Todo aficionad@ se ha preguntado alguna vez cómo debe ser recorrer los 42,195 kilómetros de Filípides y yo también. Pero el respeto por la maratón entre los corredores es máximo y ahora entiendo muy bien por qué. Correr es el deporte más honesto que existe y la maratón, una infalible máquina de la verdad. Tu estado físico tiene que ser bueno (si estás a punto de romperte, te romperás), tu entrenamiento debe ser adecuado (si improvisas, lo pagarás abandonando o andando) y tu motivación tiene que estar bien arriba (si flaqueas en tu determinación de conseguirlo, la cabeza se convertirá en tu peor enemigo cuando tus piernas no puedan más). Sin trampa ni cartón.

Feliz... con mi medalla, minutos después de terminar la maratón.

Feliz… con mi medalla, minutos después de terminar la maratón.

¿Qué resultado buscaba yo? El mismo que cuando corrí mis primeros 5k: 1) Llegar, 2) Llegar contenta, 3) No llegar la última (y esto, siempre, muy secundario).

Afronté el reto de entrenar esta prueba por primera vez en febrero de este año, después de la fatídica (a nivel físico, claro) Navidad de 2014, cuando tras superar mis primeros 21 kilómetros en noviembre me dediqué a hincharme de mantecados y apartar el running de mi vida durante un mes. Salí a correr algunos días pero muy desfondada y sin disfrutar. Cosas que pasan y que nunca llegas a entender pero que un día se van por donde llegaron si persistes en tus objetivos. Pasadas las fiestas, a las dos semanas de comenzar con el plan de entrenamiento de la maratón, el gemelo me dio un pinchazo que me paralizó durante una salida nocturna a la montaña. Mi intención de estrenarme en la maratón de Varsovia en abril, aprovechando que teníamos programado un viaje familiar a Polonia para ver a mi hermana, se frustró. ¡Qué locura! Ahora lo sé…

Tendríais que ver los lagrimones como puños que me caían de los ojos cuando llamé a la fisio, Rocío Varo para explicarle lo que sentía. Cuando no respeto los tiempos de reposo entre salida y salida los gemelos me duelen pero nunca me había pasado nada que me dejara clavada en el suelo como en aquella ocasión. Así que Rocío me advirtió de que podía estar ante una rotura fibrilar y que si no quería que se desgarrara el gemelo como cuando te pones unos vaqueros medio rotos, debía dejar de correr. Tuve que parar sí o sí. Y ya iba a tarde a Varsovia, así que renuncié. Y ¿sabéis qué? Que respiré. Fue como desabrochar un chaleco que me oprimía el pecho. Ahora lo pienso y entiendo que no era el momento, conste que me lo advirtieron (oh sí, ya estaba tardando en aparecer Ñusi en esta crónica) pero ya sabéis que no se escarmienta por cabeza ajena.

 A veces tu cabeza dice basta y envia una señal a tu cuerpo para que pare. A mí me paró una lesión en febrero

A veces tu cabeza dice basta y envia una señal a tu cuerpo para que pare. A mí me paró una lesión en febrero

Yo creo que Jaime respiró tanto o más que yo cuando la lesión frustró mis planes de plantarnos en Varsovia a correr nuestra primera maratón. Porque la verdad es que yo le arrastré a que participara en esta locura y como es tan absolutamente genial me dio un sí… con reservas.

Y ahora voy a dedicar un paréntesis a Jaime, mi marido, que pasa de los blogs, de las redes sociales y, en general, de todo el ‘postureo runner’ asociado a algo que él ha hecho toda la vida sin dar ni un ruido: correr, sin más. Un hombre que siempre ha estado vinculado a este deporte simplemente porque le gusta. Jamás ha entrenado una carrera (cuando se inscribía en una media maratón salía dos o tres veces durante los quince días previos), renueva zapatillas sólo cuando se le rompen, se habrá gastado 30 euros en los últimos 15 años en ropa deportiva porque usa camisetas y pantalones que le regalaron en ediciones de carreras que completó el siglo pasado y cuando los colegas le dicen que es un runner perroflauta él se descojona. Desde pequeño vió correr maratones con admiración a otros pero nunca se planteó en serio enfrentarse él mismo a esta distancia porque, como buen corredor con los pies en la tierra que siempre ha sido, sabía que eran palabras mayores.

Pero siempre tiene que haber una chota, ‘runner desde anteayer’ como quien dice, que proponga un salto al vacío. Y ahí estaba yo. Tras la renuncia a Varsovia se convenció de que había que encontrar una nueva fecha y un día me vino con un familiar brillo en los ojos: “¿Vamos a Valencia?” Yo no sabía por qué Valencia pero él me dijo que Víctor se iba a inscribir (un gran amigo que ya había hecho Málaga). Más tarde se unirían Alejandro y Migue, ambos futboleros empedernidos que han descubierto en el running un deporte en sí mismo más allá de un entrenamiento pre-partido. ¡Pues vamos a Valencia!

Recuperado mi gemelo empecé a compaginar asfalto con montaña (sabéis que la Ultra Trail de Sierra Nevada se cruzó en mi camino el pasado mes de julio, como os conté aquí). En el mes de mayo participé en la Media Maratón de Granada, un desastre en el que intenté seguir el ritmo a Jaime y al final sólo conseguí empeorar mi tiempo con respecto a la edición anterior y frenarle a él. Hice también otra media maratón en Baza y abandoné el asfalto para centrarme en el retazo del momento, la Ultra. Montaña, montaña y montaña, lo que se traduce en horas y horas de esfuerzo, con subidas y bajadas constantes, cambios de ritmo permanentes, andar/escalar y correr casi a partes iguales… en definitiva, nada que ver con esa carrera continua, llana y al nivel del mar que me esperaba en Valencia, pero que dejó en mí un recuerdo imborrable, no sólo en la mente sino también en las piernas, como ahora os contaré.

Entrenos en Huelva este verano. La verdad, la primera vez que me levanto temprano estando de vacaciones para salir a correr... mereció la pena

Entrenos en Huelva este verano. La verdad, la primera vez que me levanto temprano estando de vacaciones para salir a correr… mereció la pena

Después de la Ultra llegaron las vacaciones. No sé para vosotr@ pero para mí vacaciones es sinónimo de hacer y dejar de hacer lo que me plazca. En los años que llevo corriendo eso se ha traducido en salir a correr sólo si no me obligaba a madrugar, si me lo pedía el cuerpo y si no había ningún plan familiar alternativo. O sea, prácticamente nunca. Pero este año, ambos sabíamos que no era posible parar en agosto, no al menos totalmente, porque a la vuelta de tres meses teníamos la maratón. Así que elegimos un apartamento en Huelva como destino para poder correr por las mañanas en días alternos él y yo y disfrutar del resto del día en la playa, tranquilos y en familia. Y ha sido uno de los veranos más estupendos que hemos pasado.

Entretanto, yo seguía en redes sociales los entrenamientos de otros corredores inscritos en la maratón de Valencia y se me ponían los pelos de punta. Obviamente, la mayoría iba buscando una buena marca pero yo estaba tan lejos de poder acumular tantísimos kilómetros semanales (¿50,60,70?) que dudaba de si estaba cometiendo una locura al pretender plantarme en Valencia con mis tres salidas semanales (dos cortas de entre 10-12 km y una más larga en fin de semana, algo más de 20 km) más mis dos horas semanales de entrenamiento de fuerza, una con Jovi y otra por mi cuenta. Por otro lado, tras el verano se nos acumulaban las bodas, los bautizos, el trabajo, los viajes… así que tratar de mantener nuestro plan de entrenamiento, por poco ambicioso que fuera, ya era una odisea. Y es que no somos profesionales, particularmente, soy una madre trabajadora a la que le gusta correr y ponerse a prueba con retos más o menos grandes. Y ya. Que no es poco.

En el estudio de Jovita Millán, ahora sé que una de las claves del entrenamiento de cualquier carrera consiste en ganar fuerza en el resto del cuerpo para compensar la carga en las piernas

En el estudio de Jovita Millán, ahora sé que una de las claves del entrenamiento de cualquier carrera consiste en ganar fuerza en el resto del cuerpo para compensar la carga en las piernas

Como no podía correr más tiempo trataba de correr más rápido para ganar fondo así que dejé totalmente la montaña (que me ponía fuerte pero me ralentizaba) para centrarme en apretar en asfalto y pensé que quizá si me acostumbraba a mantener un ritmo por debajo de 5,2 min/km durante 10-20 kilómetros, después me resultaría más asequible recorrer los 42 y pico a 5,4 min/km. Basé esta rutina en lo que había escuchado y leído sobre el efecto de los cambios de ritmo en el aumento de la eficacia cardiovascular y la resistencia muscular. Pero, honestamente, no me quedaba otra así que he de reconocer que más que una elección meditada fue la única opción posible.

Por otra parte, Jovi (y los Arapahoes, más que bregados en estas batallas) me decía que estaba entrenada de sobra para lo que pretendía: terminar. Y me advertía, por encima de todas las cosas, que sólo mi mala cabeza, y no la falta de entrenamiento, podría impedirme llegar a la meta, recordando lo malamente que lo hice corriendo como una loca en la media maratón de mayo.

Así las cosas llegó noviembre. La semana previa fue un infierno. Mucho trabajo, los niños malos, mi estado físico y anímico por los suelos… Hasta el mismo día 14 no tuve la certeza de que iba a correr esa maratón sí o sí. Así que nos subimos al coche y al cerrar las puertas dejamos fuera todo lo que nos pudiera distraer del objetivo más inmediato: Valencia. Hicimos el viaje junto al resto del equipo, Víctor, Lejan y Migue, pero en coches distintos ya que ellos se volvían el mismo domingo tras la maratón y nosotros habíamos contratado una noche de hotel más para poder pasar la tarde post maratón en un spa (me habían hablado muy bien de los baños en una poza helada para recuperar las piernas).

¡Yo estaba tan feliz! Cuando llegamos a la feria del corredor en la Ciudad de las Artes y las Ciencias había un ambientazo espectacular. La ciudad entera estaba adornada con carteles que invitaban a la gente a salir a animar a los corredores el domingo. Allí vimos a Martín Fiz y a Chema Martínez. Me hubiera encantado ver a Cristina Mitre, de Mujeres que Corren, que estaba allí para presentar su libro y correr los 10K, pero no pudo ser.

De derecha a izquierda, Víctor, Migue, Alejandro, Jaime y yo, a nuestra llegada a la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia

De derecha a izquierda, Víctor, Migue, Alejandro, Jaime y yo, a nuestra llegada a la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia

Y al fin llegó el gran día. Dormí como una marmota (¡bendito mindfullnes! ya no se me resisten los pensamientos que quieren interferir en mi sueño, ¡increíble!). Y desayuné dos ahoras antes de la carrera, como me habían recomendado, fuerte pero sin pasarme de lo habitual: café, tostadas integrales con aceite y fruta. Nos dirigimos los cinco hacia la Ciudad de las Artes y las Ciencias y al llegar nos colocamos en nuestro cajón correspondiente: Víctor, Jaime y yo, en el de 4 horas; Lejan y Migue, en el de 3h30. Tras guardar un minuto de silencio por los atentados de París, la masa compuesta por los más de 16.000 corredores inscritos comenzó a moverse. Y empezó la fiesta.

Desayuno tempranero, había que ir con la digestión bien hecha y sin sorpresas en la alimentación habitual

Desayuno tempranero, había que ir con la digestión bien hecha y sin sorpresas en la alimentación habitual

Gente, gente y más gente nos aplaudía a nuestro paso. Cruzamos el Puente de las Artes y nos dirijimos al puerto, qué visión tan futurista de la ciudad… qué emoción. Víctor se descolgó desde el primer momento, él era el único de todos nosotros que conocía esta prueba y era muy consciente de que iba a librar una batalla contra los mil inconvenientes que se le habían cruzado en el camino del entrenamiento de esta maratón, así que optó por correr en solitario. Jaime y yo íbamos charlando, alabando la organización de la carrera, la ciudad, l@s valencian@s, muy cómodos en el ritmo que habíamos entrenado. Como si estuvieran programadas para ello, involuntariamente nuestras piernas corrían por debajo de 5,2 km/min y las frenábamos para situarnos en el entorno de los 5,3, así ganábamos tiempo al crono pero guardábamos fondo para los kilómetros más difíciles.

En el kilómetro 21, felices y animados por el musicón que ambientaba las calles y los vítores de la gente, pasamos el globo del práctico de las 4 horas (una liebre, miembro de la organización) . Me acordaba de lo leído en el blog del psicólogo deportivo Francisco Ruiz Molina: “si cuando practicas deporte hay ocasiones en que te sientes entusiasmado, feliz, sientes que todo sale bien y la percepción del esfuerzo o sufrimiento es mínima o nula… entonces es que has experimentado un estado de flow“.

Así nos sentíamos. Jaime me dijo: “¿Te imaginas que bajamos de las 4 horas?”. Shhhh!!! No digas eso… el verdadero reto, la bestia negra, la pesadilla del maratoniano, aún no había llegado… el muro de los 30k… también conocido como ‘Tío del Mazo’, jajaja. En realidad, dentro de las múltiples estrategias ‘mentales’ que habíamos diseñado Jaime y yo en nuestros entrenamientos para afrontar la maratón (pensar que eran 4 etapas de 10k, pensar que eran dos medias maratones, pensar que los primeros 10k no existían y empezar la cuenta atrás como si fuera una media más un 10k, …) yo me quedé con una, que le había escuchado a Ñusi: la maratón es un calentamiento de 30 kilómetros para correr una distancia de 12 k.

A partir de este kilómetro y hasta el final de la carrera comenzaban a multiplicarse los abandonos, las asistencias sanitarias por calambres y tirones musculares, los participantes que dejaban de correr y empezaban a caminar… El ácido láctico empezaba a hacer de las suyas sobre la musculatura y la mente debía estar a tope para suplir la incapacidad física de seguir adelante. Mi cabeza estaba fuerte, ya me había sentido así de mal en otras ocasiones (el ultra…) y no me importaba cómo estuvieran mis piernas que, obviamente, estaban mal. A partir del kilómetro 33 me di cuenta de que empezaba a correr sin Jaime a mi lado, apenas un metro por delante de él. Miré el reloj y me di cuenta de que íbamos por encima de 5,5… De repente, apareció de nuevo el hombre del globo de las 4 horas… le dije… “vamos a arrimarnos a él, que no se nos escape”. Pero nos pasó… En el 35, a mí se me iban las piernas y cuando miré atrás, Jaime estaba a unos 6 metros. Me hizo una señal para que me acercara, aflojé el ritmo y me puse a su lado. “Niña, tira tú…” Miré hacia adelante, el globo de las 4 horas apenas se veía ya.

Estaba loco si pensaba que yo iba a terminar esa carrera si no era cogida de su mano. ¡Quedaban 7 interminables kilómetros! A partir de ese momento, no volví a mirar el reloj. Cada vez que veía a algún corredor abandonar recibía un duro golpe moral. Yo veía a Jaime sufrir y le decía ¡nosotros vamos a terminar y vamos a entrar corriendo en la meta, porque nosotros sí que podemos, vamos a ser maratonianos! Confieso que se me pasó por la cabeza dejar de correr y empezar a caminar para recuperarnos pero temía que una vez parados no pudiéramos reanudar la marcha. En el kilómetro 38 ya no podía dar más ánimos, necesitaba centrarme en mí misma si quería llegar a la meta. A ratos íbamos cogidos de la mano. La gente gritaba ¡vamos Jaime y Esther! porque nuestro nombre estaba el dorsal… Estoy tan agradecida a toda la gente que nos dio ánimos…

Al fin, visualizamos el imponente sky line de la Ciudad de las Artes y las Ciencias y un arco de globos de colores que indicaba el comienzo del último kilómetro hasta la meta… ya estamos, ya somos maratonianos… gritos, música, aplausos, gente y más gente asomada a ambos lados de la pasarela que cruzaba el lago del recinto, el speaker nombrando a los que íbamos llegando a la alfombra azul,… Impresionante. Entramos en 4 horas y 6 minutos y nos fundimos en un enoooorme abrazo. Lo conseguimos. Dos horas después del ganador, que batió el record de maratón en suelo español, y dos horas y media antes del último héroe que cruzó la meta de la Maratón de Valencia Trinidad Alonso 2015.

Jaime y yo, exhaustos y felices a partes iguales... (bueno, creo que en las caras se aprecia quien estaba más de lo uno que de lo otro ;)

Jaime y yo, exhaustos y felices a partes iguales… (bueno, creo que en las caras se aprecia quien estaba más de lo uno que de lo otro ;)

Lo vivido ya es historia. Es experiencia. Es crecimiento. Es conocimiento. Migue, Alejandro, Víctor, Jaime y Esther, minutos (y horas) después de terminar nuestra gesta no queríamos ni oir hablar de la maratón. Se acabó… Pero chicos, tenéis en mente dónde será la próxima vez que volvamos a poner a prueba nuestra capacidad de superación y lo sabéis. ¿Cuál va a ser la proxima maratón? Jajaja

QUIERO DARLE LAS GRACIAS….

A Jaime, porque dijo SÍ (una vez más)

A Jaime y a Claudia, por no guardarme rencor cada vez que salgo corriendo por la puerta de casa aunque no les guste nada…

A Ñusi, por cruzarse de repente en mi camino

A mi familia, abuela Pía y Miguel, abuelo Pepe y Julia, abuelos Juan y Mercedes, titos Óscar y Patri, Juan I. y Pilar… por ser los canguros que cualquier runner desearía para sus hijos (sin vuestro apoyo, nadie correría en esta familia)

A Jovi, por prepararme física y mentalmente para afrontar este reto. Lo que tú dices va a misa, hija…

A Víctor, porque transmites paz y seguridad en medio de tanta locura maratoniana, y a Alejandro y Migue, por las risas y  los buenos ratos que han rodeado esta carrera

A Bu… por llamarnos cinco minutos después de cruzar la meta. Eso es amor de familia

Y a todos los que nos han dado consejos, ánimo, información… (Fran Quirós, Rocío Varo, Francisco Ruiz Gutiérrez, Enrique Martos, José Miguel Muñoz, Juan Carlos Montoya, mis Diez, Arapahoes todos…. y muuuuch@s más de los que no me olvido pero algún día tengo que terminar esta crónica ¿no?)

Y POR ÚLTIMO:

¿Qué te ha resultado más duro? ¿La Ultra o la Maratón?: A nivel deportivo, no creo que se puedan comparar. La ultra, para mí, fue una carrera de supervivencia en la que pasé largas horas penosas que me hicieron aprender mucho sobre mis límites. La maratón ha sido un concentrado explosivo de emociones muy buenas, geniales, y malas, claro que sí… No creo que vuelva a correr una ultra. Pero pienso ya en mi próxima maratón :)

 

 

 

7 comentarios en “La primera maratón. Mi experiencia en Valencia 2015

  1. Orgullosísimo de tener la suerte de contar con vosotros como amigos a los que aprecio y admiro. Maravilloso relato de una experiencia transformadora y llena de vida. Me alegro mucho de que esto del mindfulness también haya puesto el granito de arena en la experiencia. ¡¡Sois grandes!!

  2. Esther, estoy como tú estabas hace poco… hecho un manojo nervios. Me enfrento a mi primer maratón y me has puesto las pilas, todo relato de ánimo es poco. Muchas gracias.

      • Emoción a flor de piel !!! Como si hubiésemos corrido a tu lado .Rodeada de runners y de un papa que ahora mismo lo tiene abandonado por las peques pero espero algún día poder vivir alguna experiencia parecida…. Mucha fuerza campeona

        • No te preocupes que todo llega, sólo hay que saber esperar el momento adecuado y no tener prisa. La señal inequívoca de que estamos preparados para afrontar un reto es que sólo la idea de empezar a prepararlo nos hace felices. ¡Escucha a tu corazón! Gracias Patri

Dejar una Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puede utilizar estos atributos y etiquetas HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>