marzo 23rd, 2015 | | Mindfulness

Qué hacer cuando tienes un ego como la copa de un pino

Tengo un ego gritón, impertinente, bien grande. Un ego caprichoso, reivindicativo, que quiere ser el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el funeral. Suele hacer acto de presencia cuando ocurre algún acontecimiento desestabilizador en mi vida. Así soy yo. Bueno, así es mi ego. Yo no.

Según Freud, el ego es la parte de la personalidad humana que media entre nuestros impulsos y nuestros ideales. Simplificando, el ego es el personaje en el que acabas convertido cuando impostas ideales que no tienes y tus impulsos naturales se empeñan en llevarles la contraria. Del mismo modo y al contrario, cuando nuestros impulsos son el reflejo de nuestros ideales, el ego desaparece porque carece de función en nuestra vida. No necesitas de ningún ‘personaje’ que medie entre lo que piensas y lo que haces. Simplemente eres tú pensando y actuando tal cual tú eres. Lo que se conoce como tu ‘YO ESENCIAL’, como nos explicó el consultor en mindfullness y autor del blog PlenAcción, Juan Carlos Montoya, en este programa de Vivir en la Pirámide (1h33′).

En el año 2009 decidí afrontar un gran reto profesional. Ni las funciones ni la responsabilidad del cargo me eran familiares pero la empresa confiaba en mis capacidades así que tras dudarlo muy seriamente, acepté. Analicé la situación, el punto de partida, los objetivos y la estrategia a seguir para alcanzarlos. E interpreté que para que todo saliera según lo previsto era primordial cambiar mi actitud.

Y eso hice… recuerdo que la transformación se producía al llegar a la oficina cada mañana; desde habilitar la función de lectura entre líneas de toda la información que se me iba proporcionando hasta forzar la gravedad del tono del discurso con los compañeros, pasando por otros gestos de una simbología fundamental para mí como hacer uso del lápiz de ojos para parecer mayor o llevar al tacón más o menos alto en función de la relevancia de las reuniones que iba a mantener ese día.

Obviamente, de todo esto puedo escribir ahora porque en aquel momento no veía que estuviera modificando en nada mi comportamiento. Para ganar en seguridad creí que debía adaptarme a las circunstancias. Y eso hice, adaptarme. Tanto que una mañana me miré al espejo y no me reconocí.

Para mucha gente, esta capacidad de adaptación es una virtud. He escuchado en infinidad de ocasiones que hay que saber adaptarse a las circunstancias. ¿Qué es la vida si no un continuo aprendizaje para la adaptación? Adaptarnos cuando la ocasión lo requiere, adaptarnos cuando vienen mal dadas o adaptarnos para facilitar las cosas o para evitar el conflicto. La capacidad de adaptación está sobrevalorada en esta sociedad, especialmente porque la adaptación gana su terreno del que le come al ‘YO ESENCIAL’.

Y mientras eso ocurre, vamos llenando nuestra cabeza de pequeños engendros (egos, miniyoes…) que reclaman nuestra atención, que consumen nuestra energía, que asfixian y arrinconan a nuestro YO ESENCIAL hasta casi hacerlo irreconocible a nuestros ojos y a los de los demás.

Explicaba Juan Carlos Montoya, que nuestro yo esencial aparece cuando uno se convierte en mero observador de lo que le acontece. No reacciona, no toma partida y, por tanto, no se adapta porque no tiene necesidad de adaptarse, porque puede atravesar por múltiples y variadas situaciones sin alterar su esencia, porque es flexible, es elástico. Veamos la diferencia con un ejemplo:

  • Estoy en la consulta del médico. Hace calor, mucho calor. Cojo una revista a modo de abanico, lo agito y empiezo a sentirme mejor. Agradezco el aire que me seca el sudor, un leve fresquito que algo me alivia.

TÚ PASANDO CALOR = TÚ PASANDO CALOR

 

  • Estoy en la consulta del médico. Hace calor, mucho calor. Maldito verano, parece que nunca acaba, si al menos refrescara por la tarde. Y en esta consulta ¿por qué no hay aire acondicionado? Asco de Seguridad Social. Tendría que contratar un seguro privado, pero claro con la miseria que me pagan… Y esta mierda de revista que lo más que hace es secar el sudor…

TÚ PASANDO CALOR = TIPO CABREADO

Yo tengo un ego muy pesado. Quienes me conocen bien lo saben porque lo sufren. Mientras le dejo interpretar su papel no chirría demasiado pero es cuando sucumbo ante sus mil y una exigencias cuando se vuelve insoportable. Está el ego de la madre fantástica, la que organiza planes molones para toda la familia que jamás pueden salir mal por más que falle el tiempo, la logística, las ganas o sencillamente la filosofía del plan en sí misma, que no tiene por qué ser compartida por todos los miembros. Éste se pone de un borde… Luego está el ego de la deportista de competición, la que se marca objetivos tan ambiciosos que para lograrlos debería poner todo su ocio y tiempo libre al servicio del entrenamiento. Pero se lleva fatal con la primera, la madre fantástica. Tengo más egos acosando a mi YO ESENCIAL, está la profesional nunca sobradamente preparada, auténtica yonkie de la formación continua. Y la nutricionista frustrada que sin saber muy bien cómo empieza a lanzar tomatazos y lechugazos desde su trinchera de la vida sana a todo aquel que osa hablarle bien de la proteína de origen animal.

Por todo lo anterior, a mí me vino requetebién la charla del otro día con PlenAcción y no le puedo agradecer lo suficiente los siete consejos que me recomendó Juan Carlos tener siempre muy a mano para cuando cualquiera de mis egos quiera hacerse con el control de mi YO ESENCIAL:

7 frases que decir ante el espejo para controlar el EGO

Termino con unas célebres palabras de Bruce Lee, que seguro os resultan familiares:

“No te establezcas en una forma, adáptala y construye la tuya propia, y déjala crecer, sé como el agua. Vacía tu mente, sé amorfo, moldeable, como el agua. Si pones agua en una taza, se convierte en la taza. Si pones agua en una botella, se convierte en la botella. Si la pones en una tetera, se convierte en la tetera. El agua puede fluir o puede chocar. Sé agua, amigo mío”.

Pues eso, no te empeñes en ser todas las piezas de una vajilla, simplemente sé agua.

 

7 comentarios en “Qué hacer cuando tienes un ego como la copa de un pino

  1. Maria Olalla dice:

    A mí y a mis egos nos sienta de maravilla leerte Onti, así que no dejes de añadir peldaños a la pirámide que yo te sigo los pasos… Un abrazo grande para ti y tus egos.

  2. José Miguel Muñoz Alonso dice:

    Para otra futura entrada se podría plantear el mismo tema, pero a la inversa: ¿Qué hacer para subir un poquito el ego? (aunque el tuyo sea un caballo desbocado, hay quien lo tiene como un manso burrito y con necesidad de animarlo un poco). Besitos

    • Pues sí Gaby, pero mientras encontramos un buen amante y nos toca la lotería nos iremos entreteniendo en tratar de sentirnos bien con lo que mucho o poco que tengamos, no? Salud, paz y respeto para tí también. Gracias por tu comentario

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