enero 11th, 2018 | | Deporte, Mindfulness

Qué hacer si tu cabeza te boicotea cuando sales a correr

Hace casi dos meses que corrí la XXXIV Media Maratón de Motril tras el parón a causa de los dolores de cabeza que me han mantenido apartada de las carreras durante casi nueve meses. Para ser honesta: no iba entrenada para afrontar esa distancia con éxito. Y no me refiero a la fuerza, que ahí Jovita Millán de Massana me mantiene a raya,  si no al rodaje que requiere la larga distancia. Normalicé las pulsaciones y el tono muscular nada más echar pie a tierra y ponerme en la cola de los finisher para recoger la bolsa del corredor. Pero, joder, nunca había sometido a tal estrés a mi cabeza. Porque sí, me boicoteó cuando estaba corriendo.

Entrada a meta de la Media Maratón de Motril, una carrera muy dura...

Entrada a meta de la Media Maratón de Motril, una carrera muy dura…

Pensamientos negativos al correr

En realidad, supe que algo así iba a ocurrir desde el día en que me inscribí en esta carrera, después de un verano dedicada a trotar felizmente, disfrutando de mi recién recuperado cuello y de unas vacaciones que me hacían falta más que el aire. Salidas disfrutonas que yo valoro mucho porque para eso corro, para pasarlo bien, pero poco exigentes y por tanto, de poca ‘calidad’ porque no abundan en la mejora y se quedan en el mantenimiento. Yo no me engaño.

Una pierde la fe en las cosas que es capaz de hacer con una facilidad pasmosa y aunque l@s buen@s amig@s están ahí para recordarte que vales mucho más de lo que apuestas por ti misma, siempre te cabe la duda. Aunque hayas corrido dos maratones y un ultra, el interrogante de si serás capaz de completar una media maratón siempre está ahí. Y no me parece mal. Realismo y prudencia son buenas consejeras. Reconocer que no estás en condiciones óptimas para afrontar una distancia que merece todo el respeto como son los 21k y tener la prudencia de parar a tiempo es fundamental para no hacer nada de lo que te debas arrepentir. Pero paralizarte ante obstáculos que un día ya fuiste capaz de superar con esfuerzo y valentía… ¡no!

Por eso deliberadamente me inscribí en esta carrera. Quería recordar a mis piernas y a mi cabeza que ya habíamos pasado juntas por ese trance con éxito en otras ocasiones. Y la verdad es que mantuvimos una larga y acalorada charla durante las más de dos horas que me mantuve trotando para poder completar esta media.

Mi PMP, Peor Marca Personal. Me quedo con el durísimo entreno al que sometí mi cabeza

Mi PMP, Peor Marca Personal. Me quedo con el durísimo entreno al que sometí mi cabeza.

Es obvio que el crono no fue la mayor satisfacción que me llevé de la experiencia pero como me curro mucho eso del optimismo me quedo con el durísimo entreno mental que fui capaz de completar. Que no es poco.

Sin entrar mucho en aspectos técnicos (como siempre, narro mi experiencia personal que no profesional) os contaré que el sistema musculoesquelético está controlado por el sistema nervioso que envía una corriente eléctrica desde el cerebro para contraer las fibras que provocan el movimiento. Con esto quiero decir que, al final, si estás bien entrenad@ tu corazón hace el trabajo por ti y tus pulsaciones, salvo incidente, deben de ser las acostumbradas a tus ritmos de entreno. Sin embargo, como la cabeza se te rebele tienes un problema porque sin su complicidad no das dos pasos más allá de la línea de salida. Por muy ultramaratoniana que seas.

Conversaciones en carrera con tu cabeza

Iba yo por el kilómetro 2 cuando la mía empezó a decirme: ¿para qué hemos venido, chica?

YO: ¿Cómo que para qué hemos venido, querida? Para correr.

Mi cabeza: Ya, pero para correr ¿qué? ¿21 km después de llevar más de 9 meses sin entrenar esa distancia ni de lejos? ¿Se te ha ido la pinza?

YO: Ya, ya… pero que yo he corrido dos maratones y un ultra y esto me lo hago yo con la gorra…

Mi cabeza: siiiii, claro, pero tú siempre has dicho que tu objetivo número uno es llegar contenta a la meta y, bien sabemos ambas dos, que eso no va a ser así porque no estás entrenada…

YO: Cierto, pero que yo hoy completo estos 21 km porque se me ha puesto a mí en los ovarios y porque sé que puedo y me lo quiero demostrar.

Mi cabeza: Si poder, puedes. Eso no lo duda nadie, pero ¿qué te quieres demostrar? Si tú has corrido ya 63 kilómetros en montaña. Repito ¿a qué hemos venido a Motril?

YO: Mira, paso de ti. Que me estás frenando las piernas y por ahí, no ¿eh?

A estas alturas de la carrera, mi ritmo había bajado a unos 6min/km… con lo que llevaba media hora corriendo y no había pasado de los 6 kilómetros. La cosa pintaba bien fea. Centré entonces mi charla con el tren inferior, las piernas, que pesaban como alforjas de los reyes magos recién salidos de Oriente caminito de Belén. Olé, olé, Holanda.

YO: Vamos chicas, no dejéis que la mente os frene, uno/dos, uno/dos, uno/dos, y así hasta la meta, nada que no hayáis hecho antes, ¡champions!

Mis piernas: ya… pero estamos cansadas… y la de la azotea no ayuda ¿sabes?

YO: lo sé, lo sé… ya he hablado con ella para que deje de boicotearnos. Ni caso, nosotras a lo nuestro. Uno/dos, uno/dos…

Mis piernas: vale, pero habla con ella. Nosotras seguimos aquí abajo pero cállala porque así va a ser muy difícil continuar los otros 11 kilómetros que nos quedan para terminar.

YO: ok, voy a ello.

Obviamente, el problema no era físico sino emocional, así que centré mis esfuerzos en controlar a la ‘loca de arriba’ como la llama mi amigo Juan Carlos, consultor de mindfullnes en Plena Acción parafraseando a Santa Teresa.. A esto que llegamos al paseo marítimo y un precioso mar de azul intenso se mofa de los runners de asfalto que sufren bordeando la línea de la costa. La brisa acaricia mi cara y mi cabeza vuelve a la carga con más ahínco:

Mi cabeza: Ya. Déjalo. ¿No oyes a tus piernas pidiéndote a gritos que las metas en el agua helada?

YO: Sí…me parece oírlas…

Mi cabeza: Pues claro, y después te relajas tendida sobre la arena esperando a que Jaime termine la carrera y venga a recogerte. Planazo.

YO: Pero él me espera en la meta y no tengo móvil para avisarle de que me quedo aquí….

Mi cabeza: pues se lo pides a alguien de la organización, una llamadita y ya. Venga, vámonos a la playa

YO: Nooooo, …………….. voy a seguir y voy a terminar. CÁLLATE.

E inhalo y exhalo, inhalo y exhalo, tomo consciencia de mi respiración y estoy tan concentrada en no perder el ritmo de la percusión de mi corazón bombeando que casi me parece estar componiendo una canción. Y de repente dejo de dialogar con quien me boicotea y empiezo mi monólogo de autoafirmación:

He completado 16 kilómetros, me quedan 5, empiezo a abandonar la línea de costa e inicio el camino de vuelta hasta la meta. Esto está prácticamente terminado, se podría decir incluso que lo he conseguido aunque sé que lo peor está por venir con mis piernas agotadas y con el crono deprimido por la marca que va a registrar en esta media maratón. Pero ahora sé que voy a terminar y comprendo que ése era mi objetivo así que debo sentirme satisfecha. Y de repente, sin que se produzca ningún cambio físico, nada es lo mismo en mi carrera. La monotonía se apodera de mi ritmo y los kilómetros van cayendo uno tras otro hasta pisar la línea de meta. Por fin, 2h 09′ pesadísimas que termino tranquila. Puedo correr esta distancia. No debo dudar más de mí misma, a eso vine y eso he hecho. Se acabó.

Respirar, meditar, aprender a calmar el espíritu es una práctica tan eficaz que ofrece resultados con la infalibilidad de una regla de tres

Respirar, meditar, aprender a calmar el espíritu es una práctica tan eficaz que ofrece resultados con la infalibilidad de una regla de tres.

A veces, demasiadas, somos nuestr@s peores enemig@s. Nos ponemos zancadillas para obstaculizar el alcance de nuestros propósitos sin que existan impedimentos reales para ello. Jamás he conocido a nadie capaz de hacerme más daño que el que yo misma soy capaz de inferirme. Practicando mindfullness y yoga he aprendido a practicar la compasión conmigo misma, hacia mi persona, como primer paso para desbloquear mi capacidad de mejorar, crecer, desarrollarme como persona y poder ofrecer al mundo mi mejor versión. Respirar, meditar, aprender a calmar el espíritu es una práctica tan eficaz que ofrece resultados con la infalibilidad de una regla de tres: tanto practicas, tanto mejoras. Por eso, cuando alguien me pregunta por qué este blog se llama Vivir en la Pirámide siempre explico que se trata de abordar una forma de vida inspirada en un poliedro de tres caras: alimentación sana, actividad física y bienestar mental. Y en la cúspide, desde donde se otea el horizonte, siempre esa cabecita bien puesta.

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