marzo 4th, 2016 | | Alimentación, Deporte, Mindfulness

Rebelión en la Pirámide: ni correr ni comer sano ni vivir en el presente

Rebelión contra la pirámide desde su interior mismo y huelga de brazos de caídos en los pilares que la sustentan: deporte, meditación y, en cierto modo, alimentación saludable. Acabo de atravesar un tiempo de horas bajas que me ha brindado la oportunidad de revivir sensaciones que creía superadas como la desgana ante la actividad física, una dieta ‘relajada’ en cuestiones de balance calórico y salud, y bastante desequilibrio emocional.

Que no salten las alarmas. Antes de hundirme en el hoyo más profundo anclé el brazo a la superficie y saqué la cabeza para respirar de nuevo. Esto, que en otros momentos de mi vida me habría llevado una temporada más o menos larga, esta vez lo he superado con una facilidad considerable, obra sin duda de mi bien adiestrado cerebro.

Os pongo en antecedentes.

Desde que a comienzos de 2016 publicara el post sobre los retos que me gustaría alcanzar este año, nada ha sucedido según lo previsto. Sufro una tendinosis alquilea que me ha apartado de correr por precaución durante más de 3 meses, me he sometido a una pequeña cirugía por una hernia abdominal que me ha impedido realizar sobreesfuerzo durante 15 días y, cómo no, yo también he hecho frente a la gripe, enfriamiento o resfriado salvaje que habréis padecido nueve de cada diez lectores de este post a causa de este invierno seco, extremadamente cálido y frío a ratos.

Por si lo anterior fuera poco, me he enfrentado a una decisión determinante para mi vida laboral. Una propuesta que me ha provocado no pocas horas de insomnio, trastornos severos de personalidad y crisis matrimoniales. Exagero sin duda pero es que ¡yo lo siento así! Soy así de intensa para todo… jajaja.

Lo positivo es que he vivido esta fase con la determinación de  ponerme en la piel de quienes por unos motivos u otros anhelan un giro hacia un estilo de vida más saludable pero encuentran serias dificultades, frustración y sensación de incapacidad para conseguirlo. Todo muy normal, por otra parte. Y he sacado algunas conclusiones sobre las principales zancadillas que nos ponemos para conseguir vivir como nos gustaría. Al menos yo me las pongo y las quiero compartir aquí.

Club de las malas madres

Me encantan estas malasmadres, me siento taaan identificada.. jaja

Vamos allá:

1. Estoy muy cansad@, sólo faltaba ya tener que hacer deporte.

Estos días me he ido a la cama cuando me ha dado la gana. No muy tarde, pero desde luego no me he impuesto un horario para acostarme como es mi costumbre cuando aspiro a correr o entrenar bien temprano. He remoloneado por las noches leyendo, mirando internet, cocinando, y me he levantado con el tiempo justo para prepararme para ir al trabajo.

Ha sido muy revelador comprobar que estoy igual de cansada. La diferencia entre levantarme a las 7 y hacerlo a las 6 es que mi cansancio está más que justificado cuando adelanto una hora el comienzo del día para entrenar. Sin embargo, aún habiendo disfrutado de una hora más de sueño, la desidia propia de la inactividad me hace sentir igualmente agotada.

Y es que el estado anímico es fundamental a la hora de evaluar cómo nos sentimos físicamente. Si estoy satisfecha con mi rutina, aún estando cansada me siento feliz; si por el contrario echo en falta la actividad física en mi vida, aún estando descansada, me siento agotada. Sí, confirmado, el sendentarismo agota. Y es que va a ser verdad aquello de que cuanto menos haces menos quieres.

yoga

En vista de que correr no podía, me entregué al yoga con una rutina mañanera, que me encanta pero… ¡quiero sudar!

2. Estar pendiente de lo que debo o no debo comer me hace infeliz.

Es recurrente el argumento de que si estás todo el día pensando en las restricciones con la comida al final eres un/a infeliz que vive para contar calorías y no se permite disfrutar de los placeres gastronómicos de la vida.

Estos días, me he fijado en que cuando no hago deporte mis ganas de comer mal son mayores. Me refiero a alcohol, bollería, snacks salados, dulces, harinas refinadas e hidratos a lo bestia, pizzas, pasta, pan… Mi cabeza me dice: “mira, si total, con la baja forma que tienes ya no tienes remedio… al menos disfruta”. ¿Te suena?

No niego el placer momentáneo de saltarse la dieta (¡fundamental!) pero de ahí a basar la felicidad en un atracón de cosas que no me aportan nada bueno, hay un mundo. No sé el resto de la Humanidad, pero yo soy mucho más feliz sintiéndome cómoda dentro de mi cuerpo que luchando por entrar en unos pantalones de hace años o gastando el presupuesto del mes en cremas milagrosas de dudosos resultados.

Total, que no, que tampoco me he sentido genial saltándome las normas. Será porque a estas alturas conozco demasiado bien cómo reacciona mi cuerpo ante determinados alimentos.

jornada de natación y gimnasio

En estos días de parón de running he aprovechado para pegarle a la natación, un poco de gym…

3. No tengo tiempo, imposible encontrar un hueco para nada más.

Tanto tiempo haciendo malabares con la agenda -estirando los días con madrugones para meditar o hacer yoga, simultaneando actividades extraescolares con entrenamientos, saliendo a correr después de acostar a los niños…- y cuando de repente debido a una lesión cesa gran parte de la actividad que la copaba ¿qué tengo? ¿Más tiempo disponible para hacer otras cosas? No, más parsimonia para hacer menos.

No digo que esté mal, ojo, sólo que es fundamental ser consciente de la diferencia entre emplear tu tiempo en dejarlo pasar o, sencillamente, desperdiciarlo. Lo primero es una inversión maravillosa en tu bienestar. Lo segundo, para mí, un error imperdonable cuando hay tanto de lo que disfrutar.

 día de bicicleta

Hasta he probado con el ciclismo, ansia viva jeje

4. Tengo muchas cosas en la cabeza para ponerme a meditar.

Esto es cierto, yo tengo tantas cosas en la cabeza que 25 de los 30 minutos de meditación que he conseguido llegar a hacer en estos días (¡voy a ir a por la hora completa!) los he dedicado a volver una y otra vez a enfocarme en la respiración o en el escáner de mi cuerpo, dos de las prácticas formales más comunes.

Y es que la meditación no es un estado sino una actividad. Igual que no puedes levantar 10 kilos de mancuernas el primer día de gimnasio, no puedes pretender anclarte en el instante presente la primera vez que lo intentas. Si no entrenas, no esperes resultados. Esto también vale para el músculo del cerebro.

Aquí te dejo un vídeo muy chulo que derribará todos tus mitos sobre la meditación y las personas que la practicamos (gracias Marta ;).

5. Soy un completo desastre, no valgo, yo no puedo.

No conozco a nadie que haya sido tan cruel, tan grosero, tan implacable ni tan intransigente conmigo como yo misma. Para miembro ‘chungo’ del jurado ya estoy yo. Pues perdona que te diga pero esto no debiera ser así.

La primera vez que oí a Juan Carlos Montoya, de Plenaccion, mencionar la frase ‘sé amable contigo misma’ di un respingo. Hacía tiempo que no escuchaba un consejo tan apropiado. ¿En serio no hace falta que me machaque cuando algo no me sale según lo previsto?

Habitan en nuestro interior fuerzas contrapuestas, la que nos eleva y la que nos hunde. Siempre están compitiendo por nuestra atención y nos vuelven loc@s con tanta pelea. Me he dado cuenta de que si opto por reconciliarlas logro mejores resultados que si trato de atender a todos sus argumentos a favor y en contra.

Si el segundo día de salir a correr te surge un imprevisto en el trabajo que te obliga a alargar la jornada y suspender el entrenamiento; si a la semana de decidir que vas a dejar de beber cerveza celebras tu cumpleaños pinchando un barril; si a los dos días de practicar la meditación discutes con tu pareja y le mandas a la mierda; o después de una tarde de óle encerrados en casa por el frío te sorprendes chillándole a tus hijos ‘¡¡¡te he dicho que no me grites!!!’… no eres lo peor. Simplemente, eres. Luego, existes.

Hay que ser más comprensivo con uno mismo, celebrar los aciertos, corregir los errores y retomar el camino donde lo habíamos dejado sin perder el tiempo en reproches. Eso es justo lo que me dispongo yo a hacer ahora.

En este tiempo de horas bajas he hecho amago de aficionarme al ciclismo, la natación, el yoga…; he doblado las sesiones semanales de entrenamiento de fuerza y las he pasado a la primera hora de la mañana; he practicado con la cocina flexitariana con un dinamismo anormal tratándose de mí, que soy un absoluto despropósito culinario…

No puedo decir que no haya invertido bien el vacío que me ha dejado la falta de running y la locura de enfrentarme a la decisión de cambiar de trabajo (no lo he hecho, pero eso es otra historia :) … pero aunque estoy inmensamente agradecida a la vida por todo lo que es capaz de ofrecerme, creo que es normal que cuando deseas algo concreto y no lo alcanzas por más que te enfocas en conseguirlo, llega un momento en que entras en barrena…

Porque un@ no se levanta un buen día y consigue todo lo que se propone. Porque a veces nos proponemos objetivos equivocados o, simplemente, no deseamos lo suficiente lo que nos hemos propuesto. De todo se aprende. Y yo voy a volver a la senda de la que he salido momentáneamente porque me queda camino por delante

¿Me sigues acompañando?

 

 

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