marzo 10th, 2015 | | Alimentación

Yo ayuno. Cuando pasar hambre no es malo

Mi cuerpo quiere pesar 65 kilos y yo quiero que pese 60. Nos reconciliamos en los 62.

Pero no puedo negar que nunca dejo de pensar en cómo saltarme ese armisticio con dietas hipocalóricas o intensificando la práctica de ejercicio físico para bajar un kilito. Y digo “ó” dieta “ó” ejercicio porque, aunque en alguna ocasión me he atrevido a simultanear ambas cosas, ya os digo que no es buena idea. Al margen de las contraindicaciones médicas de no adaptar nuestras comidas a nuestro consumo calórico, como el riesgo de sufrir una hipoglucemia en pleno entrenamiento (una pájara, vamos), las probabilidades de que a la vuelta de tu sesión de running devores lo primero que pilles a tu paso por la cocina son verdaderamente altas. Y para qué vamos a hacer tonterías que no conducen a nada pudiendo hacer las cosas bien.

Como os decía, cuando una logra mantener a raya la tendencia a engordar incorporando a su vida hábitos saludables, como la dieta equilibrada o el ejercicio, resulta que es complicado darle una vuelta de tuerca a la báscula para rebajar medio o un kilo más. En mi caso, aún estando contenta con mi peso, (tengo reservas suficientes en el cinturón abdominal por si viene una guerra o una crisis alimentaria, no hay por qué preocuparse, mamá), me irrita la sensación de hinchazón. Cuando no me apetece sentirme embutida en el vestido de la fiesta o si voy a participar en una carrera de fondo y quiero ir más ligera para sufrir menos, me marco el objetivo de bajar un kilo (que obviamente, sé que voy a recuperar nada más cumplido el reto porque, como os decía, mi cuerpo quiere pesar tres kilos más y es muy testarudo).

Cuando acudo a la nutricionista (sí, un/a profesional, paso de fotocopias de dietas milagrosas para bajar 8 kilos en dos semanas a base de sopa. Esto no siempre ha sido así, eh? 35 años a dieta dan para mucho absurdo) siempre empezamos a hablar de las restricciones básicas de azúcares y grasas. Hubo un tiempo en el que dejar de comer patatas fritas como guarnición o eliminar la bollería industrial de mi vida daba resultados. Funcionaba a mis 25 años pero lo cierto es que ambas cosas hace tiempo que desaparecieron de mi dieta habitual así que hoy día no puedo rebajar su consumo porque es prácticamente nulo (vale, en los cumples, picnics y barbacoas pico y con gran placer).

O sea que si ya llevas una vida saludable, con una alimentación equilibrada y practicas deporte, lo llevas crudo para bajar de peso ¿no es así? Bueno, digamos que es más probable perder 10 kilos cuando te sobran 20 que perder 1 cuando te sobran 2. En mi caso, mi mejor aliado para mantener ese kilo abajo son los ayunos. Normalmente elijo los lunes, porque en una pauta de alimentación flexivegetariana (ya hablaremos de esto largo y tendido) el fin de semana abro el abanico a la carne y el pescado así que el ayuno cumple la doble función ‘detox’ y vaciado del cúmulo de reservas no utilizadas.

Si quiero deshacerme de lo que me sobra (y ya os digo, puedo hacerlo porque estoy tirando de reservas de grasa, me lo puedo permitir) trato de mantener a raya la alimentación durante el fin de semana y ayunar el lunes. El ayuno tiene unos resultados inmediatos en la eliminación de líquidos y grasas, por lo que perder ese medio kilo o kilo marcado como objetivo suele ser relativamente fácil. Ahora bien, para mantenerlo sí que resulta necesario abrir los brazos al ayuno como práctica habitual ya que nuestro organismo no se ha adaptado aún a la superabundancia de alimentos que caracteriza el sistema de vida occidental y sigue pensado en clave de supervivencia, tal y como explica Ana Moreno en su libro Flexivegetarianos. Es decir, todo lo que comes lo almacenas por si te hace falta, como cuando alimentarse dependía de la caza o la cosecha, cuando en realidad no habrá lugar a esa falta (en el mejor de los casos).

Además, es que aún en el caso de que no pretendas bajar de peso, el ayuno es una práctica recomendada porque tiene efectos beneficiosos sobre la salud, según nos explicaba el pasado miércoles en el programa de radio Vivir en la Pirámide la nutricionista clínica y coaching nutricional Malva Castro. “La terapia del ayuno permite descansar a tu organismo, lo que desde un punto de vista físico y psíquico es saludable. En numerosas culturas ancestrales, como la medicina china o ayurveda, se ha empleado con fines curativos”.

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Si vas a realizar una terapia de ayuno a base de frutas, escógelas de temporada y preferiblemente ecológicas para que conserven todos sus nutrientes

Y ahora, si te ves animad@, aquí van siete claves para iniciarte en el ayuno:

  1. Si no estás habituado a ayunar elige vacaciones, fines de semana o puentes para hacerlo. Cuanto menos, no te pongas a ayunar un día de trabajo y/o entrenamiento intenso. Además, si lo haces en un cambio de estación, entrarás con buen pie en el cambio de temporada.
  2. Una buena forma de entrenarte en la práctica del ayuno a diario es dejar que transcurran un mínimo de 12 horas entre comida y comida en algún momento del día, según nos propone Malva Castro. “El ayuno es un reposo que ayuda a nuestros órganos a regenerarse. Además removemos la toxemia acumulada en nuestro espacio extracelular que si no se elimina es difícil que salga al torrente sanguíneo y se queme”. El ayuno bien planteado puede seguirse hasta siete días consecutivos (yo no lo he hecho).
  3. Prepara un buen termo con alguna infusión y llévalo siempre cerca para bebértelo a lo largo del día. Te va a aliviar la sensación de estómago vacío. El agua calentita llena.
  4. Los ayunos completos, es decir, no comer ni beber nada de nada, los vamos a dejar para yoggies y maestros zen capaces de sobrevivir gracias a la energía que cogen del sol. Nosotros podemos tomar sopas de verdura o zumo de frutas naturales a demanda o, lo que es aún más eficaz, licuados de frutas y verduras (espinacas y manzanas, mmm, por ejemplo, aunque hay mil combinaciones), que además conservan la fibra y nos ayudan a depurarnos aún más al tiempo que nos proporcionan energía y vitaminas suficientes para funcionar.
  5. Y no te obsesiones porque tengas hambre. Ése es el síntoma más claro de que está funcionando el ayuno. Estás realizando una limpieza intensa de tu cuerpo y donde por costumbre había depósitos de subproductos de la digestión acumulados ya no hay nada. Ese vacío te hará sonar las tripas, lógico.
  6. Dolores de cabeza, insomnio, acné, boca pastosa,… enhorabuena, tu toxemia está aflorando. “Yo le llamo crisis curativa, y ocurre dos o tres días después de iniciar el ayuno, aunque no a todo el mundo”, tranquiliza Malva. Curiosamente, cuanto peor lo hayas hecho antes del ayuno más escandalosos serán los síntomas de que te estás desintoxicando.
  7. Y por fin, la indescriptible sensación de ligereza. Al liberar toxinas eliminas líquidos ya que tu cuerpo envuelve en agua los metales pesados que liberas mediante el ayuno para protegerte. Notas más energía, menos fatiga, más vitalidad, la piel más brillante…

Y ahora te preguntarás ¿pero la dietética oficial no recomendaba comer hasta cinco veces al día? Bien, bien, sigue conmigo en esta pirámide y descubrirás cómo conviven ambas propuestas en un vida sana.

Un comentario en “Yo ayuno. Cuando pasar hambre no es malo

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